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Calambres musculares: Causas y cómo prevenir los espasmos musculares
¿QUÉ ES UN CALAMBRE MUSCULAR?
Un calambre muscular es una contracción involuntaria, súbita y dolorosa de uno o varios músculos esqueléticos. A menudo, el músculo afectado se endurece visiblemente, y el dolor puede durar desde unos segundos hasta varios minutos. En el lenguaje sanitario, se les conoce como espasmos musculares o contracturas súbitas.
Fisiológicamente, los músculos están compuestos por fibras que se contraen y relajan bajo la influencia de impulsos nerviosos. Estos impulsos se transmiten desde el sistema nervioso central a través de los nervios motores, los cuales liberan neurotransmisores —principalmente acetilcolina— en la unión neuromuscular, permitiendo la contracción muscular controlada mediante el mecanismo del filamento deslizante entre la actina y la miosina.
Durante un calambre, este equilibrio entre contracción y relajación se ve alterado. En lugar de relajarse después de una contracción, las fibras musculares permanecen en un estado de contracción sostenida. Se cree que esto se debe a una alteración en el control neuromuscular, donde los reflejos inhibitorios (que normalmente evitan la contracción excesiva) fallan, mientras que los reflejos excitatorios se intensifican, provocando la contracción continua.
Además, puede haber un desequilibrio iónico intracelular, especialmente de calcio, sodio, potasio y magnesio, lo cual interfiere en la despolarización y repolarización de la fibra muscular. Esta desregulación iónica puede producirse por múltiples causas, como deshidratación, fatiga muscular o deficiencias nutricionales. Lo veremos más adelante.
Existen diferentes tipos de calambres, según su causa y contexto clínico:
- Calambres musculares idiopáticos:
- Son los más comunes
- Aparecen en personas sanas, usualmente en piernas o pies, sin causa aparente.
- Son frecuentes durante la noche o tras esfuerzos físicos.
- Calambres asociados al ejercicio:
- Ocurren durante o inmediatamente después de una actividad intensa.
- Comunes en atletas y trabajadores físicos.
- Se relaciona con la fatiga muscular localizada y alteraciones en la excitabilidad neuromuscular.
- Calambres nocturnos:
- Aparecen durante el sueño, principalmente en personas mayores.
- Suelen afectar a músculos de la pantorrilla o pies.
- No siempre se relacionan con el ejercicio, pero sí con posturas mantenidas o disfunciones neuromusculares.
- Calambres secundarios a enfermedades – generalmente, relacionados con afecciones metabólicas, neurológicas o sistémicas:
- Diabetes mellitus
- Insuficiencia renal
- Hipotiroidismo
- Cirrosis hepática
- Esclerosis lateral amiotrófica (ELA)
- Polineuropatías.
- Calambres inducidos por fármacos:
Algunos medicamentos como diuréticos, estatinas, agonistas beta, antihipertensivos o antipsicóticos pueden inducir calambres musculares como efecto secundario.
¿QUÉ MÚSCULOS SON LOS MÁS AFECTADOS?
Los calambres musculares tienden a afectar músculos que cruzan más de una articulación, son más grandes y que se utilizan con frecuencia. Los más afectados incluyen:
- Tríceps sural (gemelos y sóleo) – por excelencia los más afectados.
- Isquiotibiales
- Cuádriceps
- Flexores plantares del pie – también muy habituales, junto con los primeros.
- Músculos de las manos y dedos (especialmente en trabajadores manuales o en enfermedades neurológicas).
¿POR QUÉ DUELEN TANTO?
El dolor durante un calambre se debe a que hay una contracción extrema y sostenida de las fibras musculares, que genera presión en los capilares, y por tanto, produce una isquemia transitoria.
Esto provoca la activación de nociceptores musculares (receptores del dolor), al haber una disminución del pH local y una acumulación de metabolitos en la fibra, como el lactato, por ejemplo.
El músculo queda rígido, denso y con una sensación de tensión, después del episodio del calambre, hasta que comienzan a eliminarse todos los residuos.
¿QUÉ OCURRE EN EL MÚSCULO DURANTE UN CALAMBRE MUSCULAR?
Como decíamos, los calambres musculares – o también conocidos como espasmos musculares involuntarios – son fenómenos intensos que reflejan una alteración de los mecanismos normales de contracción y relajación del músculo esquelético. Pero, para entender completamente qué ocurre durante un calambre, debemos comprender primeramente cómo funciona una contracción muscular en condiciones normales:
Contracción muscular normal: equilibrio neurofisiológico
En condiciones normales, la contracción muscular es el resultado de una compleja interacción entre el sistema nervioso y las fibras musculares:
- Inicio del impulso nervioso – imagina que tus músculos son como cuerdas elásticas conectadas a tus huesos. Cuando quieres mover una parte del cuerpo (como estirar la pierna o cerrar la mano), tu cerebro envía una señal eléctrica a través de los nervios para decirle al músculo: ¡Contráete!
- La señal eléctrica (potencial de acción) se genera en el sistema nervioso central y se transmite por una neurona motora hasta el músculo.
- Al llegar al terminal axónico, se libera acetilcolina (ACh) en la unión neuromuscular.
- Es como si el cerebro enviara un mensaje por WhatsApp, que baja por la médula espinal y viaje a través de un nervio hasta la fibra muscular que queremos contraer.
- Activación del músculo – al final del nervio, se libera una sustancia llamada acetilcolina, que es como una llave que abre la puerta para que el músculo reaccione:
- La ACh se une a receptores en la membrana de la fibra muscular (sarcolema), despolarizándola.
- Esto genera un potencial de acción muscular que viaja por el sarcolema y desciende por los túbulos T hasta el retículo sarcoplásmico (RS).
- Liberación de calcio – la acetilcolina ha provocado un potencial que hace que se libere calcio y se destape la actina, para que se unan con la miosina. Como si quitas una caperuza a la actina, para que se pueda unir con otra proteína, la miosina.
- La despolarización estimula al RS a liberar iones de calcio (Ca²⁺) al sarcoplasma (citoplasma muscular).
- El calcio se une a la troponina, desplazando la tropomiosina y exponiendo los sitios activos de la actina.
- Interacción actina-miosina – el músculo recibe el mensaje y se contrae. Las fibras microscópicas que hay dentro del músculo se deslizan unas sobre otras, como si estuviéramos cerrando un cierra de la cremallera, gastando ATP. Así el músculo se acorta y tira del hueso:
- Las cabezas de miosina se unen a la actina y utilizan la unidad de energía ATP, para deslizarse sobre ella: se produce así la contracción muscular.
- Para que el músculo se relaje, el calcio debe ser reabsorbido activamente al retículo sarcoplásmico y cesar el estímulo nervioso.
Cuando termina la orden el músculo se relaja, y esas fibras dejan de deslizarse, se separan y el musculo vuelve a su estado original.
Este ciclo, llamado acoplamiento excitación-contracción, es finamente regulado. Cualquier alteración en este proceso puede desencadenar una contracción sostenida e incontrolada: el espasmo muscular.
Lo que ocurre en situaciones anormales: calambre muscular
Durante un calambre, este proceso se desequilibra de manera aguda. Imagina que tu músculo es como un motor de un ascensor. Normalmente, ese motor sube o baja el ascensor cuando tú aprietas un botón. Pero un día, el botón se queda pegado, el motor se activa solo y el ascensor se traba. Eso es un calambre: el botón (nervio) se activa sin que lo hayas tocado, y el motor (músculo) se queda trabajando a lo loco, generando dolor, tensión y fatiga.
Veamos los principales mecanismos fisiopatológicos implicados:
- Alteración del control neuromuscular.
El nervio se pone hiperactivo y, en vez de enviar una señal normal, empieza a enviar descargas eléctricas rápidas e incontroladas, como si estuviera en cortocircuito. Estas señales hacen que el músculo se contraiga sin descanso, a veces a más de 100 veces por segundo.
Uno de los factores más aceptados hoy en día es la hiperexcitabilidad del arco reflejo espinal:
- Normalmente, los husos musculares (sensores de estiramiento) activan motoneuronas para contraer el músculo cuando se estira demasiado.
- A su vez, los órganos tendinosos de Golgi inhiben la contracción excesiva del músculo mediante una vía inhibitoria.
En un calambre, se reduce la señal inhibitoria de los órganos de Golgi y se incrementa la actividad excitadora de los husos musculares. Este desbalance genera un bucle positivo: la motoneurona descarga impulsos de forma repetitiva, y el músculo se contrae de manera sostenida.
- Descarga espontánea de unidades motoras
Se producen fallos en los sensores del músculo. El cuerpo tiene sensores que avisan cuando el músculo está muy estirado (como un resorte a punto de romperse) o muy contraído. Uno de ellos (el huso muscular) estimula la contracción. Otro (el órgano tendinoso de Golgi) le dice al músculo que ya pare, para no dañarse. En un calambre, estos sensores se desequilibran: el que debería frenar no funciona bien, y el que acelera se pasa de la raya.
Estudios electromiográficos muestran que, durante un calambre, las unidades motoras se disparan hasta 150 veces por segundo (Hz), mucho más rápido que durante una contracción voluntaria normal (alrededor de 8–12 Hz).
Esto ocurre posiblemente por:
- Irritación de las terminales nerviosas.
- Despolarización espontánea de membranas neuronales o musculares.
- Cambios en la permeabilidad de los canales iónicos.
- Desequilibrio electrolítico e iónico
Se acumulan sustancias en el músculo. Si estás deshidratado o te falta sal o potasio, el sistema eléctrico del músculo funcional mal, y puede dispararse solo. Es como si hubiera interferencias en la señal que manda el cerebro al músculo.
Los músculos dependen de un equilibrio preciso de iones para su correcta función. Durante un calambre, puede existir:
- Hiponatremia o hipokalemia leve (poca concentración de sodio o potasio) que favorece la hiperexcitabilidad.
- Deficiencia de magnesio, que reduce la estabilidad de la membrana celular y facilita descargas espontáneas.
- Acumulación de lactato o ácido, que interfiere en la capacidad de los canales de calcio para cerrarse.
Todo esto prolonga la presencia de calcio en el sarcoplasma, manteniendo la contracción.
- Acumulación de calcio intracelular
- Si el calcio no es retirado adecuadamente por el retículo sarcoplásmico (por fatiga, acidosis, falta de ATP), las cabezas de miosina siguen “pegadas” a la actina.
- El músculo permanece en contracción prolongada, causando un calambre doloroso.
- Falta de ATP y fatiga muscular
La falta de ATP, producto de una sobrecarga muscular o fatiga extrema, impide el desacoplamiento actina-miosina y reduce la capacidad de las bombas que reabsorben calcio. Esto perpetúa la contracción.
CAUSAS DE UN ESPASMO MUSCULAR O CALAMBRE
Los calambres musculares, o espasmos involuntarios dolorosos, no tienen una única causa definida, sino que son el resultado de la interacción de diversos factores fisiológicos, metabólicos, neurológicos, biomecánicos y ambientales. Estas causas pueden variar ampliamente entre distintos grupos poblacionales (deportistas, personas mayores, embarazadas, personas con enfermedades neuromusculares, etc.):
- Fatiga muscular y esfuerzo físico excesivo
Es la causa más común, especialmente en deportistas o personas que realizan actividad física intensa.
¿Cómo se produce?
- La contracción repetida provoca acumulación de productos metabólicos (lactato, iones H⁺, radicales libres).
- Disminuye la eficiencia neuromuscular por agotamiento del ATP y del glucógeno muscular.
- Se genera una hiperexcitabilidad de las motoneuronas que controlan la contracción muscular.
- Deshidratación y pérdida de electrolitos
Durante el ejercicio prolongado, la sudoración excesiva puede causar pérdidas significativas de sodio, potasio, magnesio y cloro, esenciales para la función nerviosa y muscular.
Consecuencias:
- Hiponatremia (bajo sodio): interfiere en la transmisión del impulso nervioso.
- Hipomagnesemia: favorece la hiperexcitabilidad de las fibras nerviosas y musculares.
- Hipopotasemia: afecta la repolarización celular y la contracción controlada.
- Desequilibrios nutricionales
Una dieta deficiente en minerales y vitaminas puede predisponer a calambres, incluso sin actividad física intensa.
Micronutrientes clave:
- Calcio: participa en la liberación de acetilcolina y en la contracción muscular.
- Potasio y sodio: fundamentales en el potencial de membrana.
- Magnesio: actúa como modulador del tono muscular.
- Vitaminas del complejo B (B1, B6, B12): necesarias para la conducción nerviosa y metabolismo energético.
- Alteraciones neurológicas y enfermedades sistémicas
Enfermedades que afectan el sistema nervioso periférico o central pueden producir calambres como síntoma secundario.
Entre ellas:
- Neuropatías periféricas (diabética, alcohólica, por déficit de B12).
- Esclerosis lateral amiotrófica (ELA).
- Esclerosis múltiple.
- Accidente cerebrovascular (ACV).
- Parkinson.
- Insuficiencia renal crónica (especialmente en pacientes en hemodiálisis).
- Hipotiroidismo.
- Uso de ciertos medicamentos
Varios medicamentos tienen como efecto adverso los calambres musculares, por alteraciones en el metabolismo electrolítico o la función neuromuscular.
Medicamentos comunes asociados:
- Diuréticos (furosemida, tiazidas): pérdida de sodio, potasio y magnesio.
- Estatinas (para el colesterol): pueden producir mialgias y calambres.
- Beta-agonistas y corticoides.
- Inhibidores de la ECA (antihipertensivos).
- Antipsicóticos y antidepresivos tricíclicos.
- Embarazo
El embarazo, especialmente en el segundo y tercer trimestre, es un período de mayor incidencia de calambres, especialmente en los músculos de la pantorrilla.
Causas:
- Cambios hormonales (progesterona y relaxina).
- Mayor presión venosa en extremidades inferiores.
- Déficit relativo de magnesio y calcio por demanda fetal.
- Compresión nerviosa en zonas lumbosacras.
- Inactividad prolongada o posturas mantenidas
Permanecer en una misma posición durante largos períodos, como estar de pie sin moverse, sentarse con las piernas cruzadas o dormir con las piernas encogidas, puede provocar calambres.
Mecanismos implicados:
- Isquemia muscular transitoria.
- Acortamiento adaptativo del músculo.
- Disminución de la oxigenación local y del retorno venoso.
Esto se observa en personas mayores, pacientes postrados o aquellos con movilidad limitada por dolor o enfermedad.
- Factores genéticos y hereditarios
Algunas personas presentan una predisposición genética a los calambres idiopáticos o asociados a condiciones hereditarias raras como:
- Miotonías (enfermedades musculares con relajación lenta).
- Enfermedad de Charcot-Marie-Tooth.
- Síndromes de canalopatías iónicas musculares.
- Factores biomecánicos y musculoesqueléticos
- Acortamiento muscular crónico (especialmente en gemelos, isquiotibiales y lumbares).
- Disfunción de la cadena cinética (por ejemplo, sobrecarga en sóleo o peroneos por alteraciones posturales).
- Asimetrías de fuerza o tensión muscular.
- Mal calzado o superficies irregulares en deportistas.
¿CÓMO PREVENIR LOS CALAMBRES MUSCULARES?
La prevención de los calambres musculares implica actuar sobre los diversos factores que los desencadenan, tanto en el ámbito neuromuscular como metabólico, postural, nutricional y ambiental. El enfoque fisioterapéutico no solo se centra en evitar la aparición del espasmo, sino también en optimizar el equilibrio neuromuscular, prevenir recidivas, y mejorar la calidad de vida y el rendimiento funcional de cada paciente o atleta.
- Ejercicio terapéutico y estiramiento regular

El ejercicio terapéutico supervisado es una de las herramientas más eficaces para prevenir calambres, especialmente en pacientes con predisposición recurrente o calambres nocturnos idiopáticos.
Estiramientos musculares específicos
- Estiramientos estáticos suaves y sostenidos (20–60 segundos) de los grupos musculares más afectados, como tríceps sural (gemelos y sóleo), isquiotibiales y flexores plantares, son altamente efectivos.
- Se recomienda realizarlos:
- Antes de dormir (en caso de calambres nocturnos).
- Antes y después del ejercicio físico.
- De forma regular en personas con acortamiento muscular.
Fortalecimiento y control motor
- Ejercicios de fortalecimiento funcional de los músculos antagonistas (por ejemplo, tibial anterior si los calambres son en gemelos) mejoran el balance neuromuscular.
- Entrenamientos de propiocepción y control postural ayudan a estabilizar el sistema neuromuscular y a prevenir espasmos inducidos por desequilibrio o fatiga.
- Hidratación adecuada y manejo del balance electrolítico
La correcta hidratación y reposición de electrolitos son claves para prevenir calambres inducidos por el ejercicio o el calor.
Recomendaciones generales:
- Beber agua antes, durante y después del ejercicio.
- En actividades de más de 1 hora o en ambientes calurosos, utilizar bebidas isotónicas con sodio, potasio y magnesio.
- Evitar el exceso de agua sin electrolitos (puede inducir hiponatremia).
Electrolitos esenciales:
| Electrolito | Función clave | Fuente alimentaria o suplemento |
| Sodio | Transmisión nerviosa, equilibrio hídrico | Sales, sopas, bebidas deportivas |
| Potasio | Repolarización celular | Plátano, papa, legumbres |
| Magnesio | Estabiliza membrana neuromuscular | Semillas, avena, verduras verdes |
| Calcio | Contracción muscular, liberación de ACh | Lácteos, almendras, brócoli |
- Intervención nutricional y suplementación
El estado nutricional tiene un papel directo en la prevención de calambres, especialmente en personas con dietas inadecuadas, adultos mayores y mujeres embarazadas.
Consejos nutricionales
- Dieta rica en frutas, vegetales y alimentos frescos.
- Ingesta regular de calcio, magnesio y vitamina D.
- Evitar el consumo excesivo de alcohol y cafeína (ambos pueden contribuir a la deshidratación y pérdida mineral).
- Evaluación de posibles deficiencias (hierro, complejo B, zinc) con un profesional de la salud.
Suplementación:
- El magnesio oral ha demostrado ser útil en mujeres embarazadas con calambres, aunque su eficacia en otros grupos sigue siendo debatida.
- En calambres idiopáticos, algunos estudios muestran respuesta a suplementos con vitamina E, complejo B, o quinina (esta última con restricciones por posibles efectos adversos, no recomendada como primera línea).
- Higiene postural y cuidado durante el sueño
Muchos calambres nocturnos están relacionados con malas posturas al dormir, compresión de raíces nerviosas, o acortamiento muscular prolongado.
Recomendaciones:
- Evitar dormir con las piernas muy flexionadas o con los pies en flexión plantar (por ejemplo, empujados contra sábanas apretadas).
- Usar almohadas ortopédicas para mantener el cuerpo en una alineación cómoda.
- Elevar ligeramente los pies para facilitar el retorno venoso si hay tendencia a calambres nocturnos en gemelos.
- Manejo del estrés, relajación y equilibrio del sistema nervioso autónomo
El estrés emocional o la ansiedad crónica pueden contribuir a la aparición de calambres por aumento del tono simpático y rigidez muscular.
Intervenciones útiles:
- Técnicas de relajación, respiración diafragmática o mindfulness.
- Biofeedback electromiográfico para mejorar la conciencia corporal y el control del tono muscular.
- Terapias manuales y masajes relajantes para reducir el tono muscular basal.
- Ergonomía y calzado adecuado
Factores externos, como el tipo de calzado, la superficie sobre la que se camina o trabaja, y la ergonomía del entorno, pueden predisponer a calambres por sobrecarga o fatiga muscular localizada.
Consejos prácticos:
- Usar calzado con soporte adecuado del arco plantar y buena amortiguación.
- Evitar superficies extremadamente duras o inclinadas por períodos prolongados.
- Ajustar los puestos de trabajo para evitar posturas mantenidas, compresión vascular o sobrecarga unilateral.
- Evaluación fisioterapéutica personalizada
La fisioterapia ofrece herramientas para la evaluación de factores individuales que predisponen a los calambres, incluyendo:
- Estudios de acortamiento muscular.
- Análisis de biomecánica y patrones de marcha.
- Evaluación del sistema nervioso periférico (reflejos, sensibilidad, motricidad).
- Detección de síndromes de atrapamiento neuromuscular (como el síndrome del túnel tarsiano).
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Etiquetas: alimentación, calambres, Contracción muscular, Espasmos, Fisiología, hidratación, Músculo








