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Dolor sin lesión aparente: cómo el sistema nervioso mantiene el dolor

Parece mentira la posibilidad de que se pueda sentir dolor sin que haya lesión, pero existe y es más común de lo que parece. La sensibilización del sistema nervioso central es un problema real, que tiene solución, pero es algo complejo de abordar y tratar. 

INTRODUCCIÓN

Sentir cualquier tipo de dolor siempre genera preocupación y frustración. Es habitual y normal pensar que hay algo dañado y, por ello, hay dolor. Sin embargo, el sistema nervioso puede volverse más sensible y mantener la señal de dolor, aunque los tejidos estén intactos. Pero la sensación de tu dolor es real, no te estás volviendo loco. 

El dolor no siempre es sinónimo de daño, en ocasiones el cerebro lo utiliza como una herramienta de protección, ante algo que considera que no está funcionando como debería. 

En muchas ocasiones, llegan pacientes a consulta preocupados porque sienten dolor, pero en sus pruebas diagnósticas sale todo bien. Si sufrir dolor ya es frustrante, no encontrarle una causa aparente, es todavía más frustrante. Pero es normal, tiene solución, no debes preocuparte. 

¿Cómo puede mantener el sistema nervioso el dolor?

Todo parte por entender la neurofisiología. Es decir, el funcionamiento del sistema nervioso y su relación con el dolor, las alarmas y la protección ante estímulos. 

El dolor sin lesión aparente es una alteración del procesamiento del sistema nervioso: dolor nociplástico. El sistema nervioso interpreta peligro, cuando no lo hay, y puede amplificar o mantener esa señal por mucho tiempo, causando dolor por mucho tiempo. 

Estructuras implicadas: 

  • Corteza cerebral. Es la encargada de procesar el dolor. Puede amplificar o inhibir las señales. 
  • Médula espinal. Es la puerta de entrada del estímulo doloroso. Si esta estructura se sensibiliza, puede interpretar mal las señales que manda al cerebro, causando que señales inocuas, se interpreten en el cerebro como dolorosas. 
  • Glia espinal. Son células de soporte que se activan en estados crónicos y mantienen la inflamación por largos periodos de tiempo. 
  • Sistema límbico. El conocido como sistema de las emociones. Son estructuras capaces de modular el umbral del dolor ante diferentes situaciones; por ejemplo, ampliarlo cuando hay una señal de ansiedad o trauma. 
  • Corteza motora. Se ve afectada ante situaciones crónicas de dolor, generando movimientos protectores que, en la mayoría de ocasiones, perpetúan el problema. 

Estas estructuras se relacionan entre sí, interaccionando en función de los estímulos recibidos. El sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) se encargan de recibir y enviar las respuestas ante diferentes estímulos; el sistema nervioso periférico (los nervios) es el encargado de conducir esas entradas y salidas de información de todo el sistema, es decir, el cableado que conecta todo; y luego presentamos sistemas que modulan la intensidad de las señales, inhibiéndolas o facilitándolas. 

Hay que diferenciar algunos conceptos clave para entenderlo: 

  • Sensibilización central. Es el aumento de una respuesta del sistema nervioso con respecto a la normalidad, ante un estímulo, en este caso doloroso. 
  • Hiperalgesia. Es un aumento desmedido de la sensación ante un estímulo doloroso. 
  • Alodinia. Es la presencia de dolor ante estímulos que, normalmente, no causan dolor. 

¿Qué tipos de dolor puede haber?

  • Dolor nociceptivo. Es el dolor provocado por un daño en un tejido. Por ejemplo, un esguince. 
  • Dolor neuropático. Es el dolor que proviene de una lesión nerviosa. Por ejemplo, la ciática. 
  • Dolor nociplástico. Es un dolor no real consecuencia de una alteración en el procesamiento del dolor, sin que haya una lesión clara. 
  • Hipersensibilidad central. Estado en el que el sistema nervioso responde de forma exagerada ante un estímulo.

Causas más frecuentes

Normalmente la causa de este dolor nociplástico es el resultado de la conjunción de varios factores entre sí, y rara vez tiene una sola causa aislada. 

  • Estrés: largos periodos de estrés mantenido pueden provocar altos niveles de cortisol en el cuerpo, lo que el cerebro interpreta como una amenaza. Ante esta amenaza sostenida en el tiempo, el cerebro activa una señal de dolor como alerta y defensa. 
  • Kinesiofobia: o miedo al movimiento. Evitar el movimiento por temor a sentir dolor, provoca que el cerebro aprenda esta relación. El cerebro aprende que moverse es peligroso y puede mandar esta señal a los tejidos, a pesar de que no haya un daño. 
  • Mala higiene del sueño: la falta de sueño reparador, alteraciones del sueño, descanso no reparador o insuficiente, pueden alterar los sistemas moduladores del dolor, haciéndolos mas sensibles. 
  • Traumas emocionales: experiencias adversas como ansiedad crónica, estrés postraumático o vivencias traumáticas pueden causar que el sistema nervioso entre en estado de hipervigilancia. El cerebro y el cuerpo puede interpretar señales inocuas como peligrosas.
  • Sedentarismo: el cerebro mantiene sus señales gracias a la actividad y la repetición de actuaciones. Cuando alguien deja de moverse, el cerebro desdibuja y desaprende ciertos patrones. Esto se traduce en dificultad para interpretar o reconocer el dolor. 
  • Experiencias previas de dolor: episodios previos con dolor intenso o prolongado, mal gestionados, o existencia de dolor crónico previo. 
  • Sobreestimulación sensorial: la exposición prolongada a estímulos ruidosos, luminosos, exigencias, ambientes tensos y desagradables, pueden provocar fatiga crónica del sistema nervioso y malinterpretar las señales de llegada y salida.

Síntomas

Cada persona es un mundo, y entre unas y otras la sintomatología puede variar, pero encontramos algunas coincidencias genéricas como:

  • Dolor persistente, sin que haya causa clara, incluso tras pruebas médicas. 
  • Variación de la intensidad, sin causa aparente. 
  • Sensibilidad al tacto o presión leves
  • Fatiga generalizada
  • Empeoramiento relacionado con la alteración emocional: estrés, ansiedad, cansancio…
  • Mejora con ocio, distracciones, situaciones agradables…
  • Rigidez matutina, que mejora con el movimiento suave
  • Alteraciones del sueño
  • Dificultad para localizar el dolor
  • Hipersensibilidad a estímulos: olores, ruidos, luces…
  • Sensación de edema o hinchazón, sin que exista de manera visible

¿Cuándo consultar a un fisioterapeuta?

Es importante destacar que, aunque no haya una lesión del tejido que justifique la aparición del dolor, el dolor que se siente es real. Por tanto, el fisioterapeuta cuenta con herramientas para poder abordarlo, aunque aparentemente no haya un daño del tejido. 

  • Dolor que dura más de 3 meses. 
  • Dolor que no mejora con tratamiento convencional, ni con reposo. 
  • Los síntomas no tienen explicación mediante pruebas médicas
  • Dolor que limita la vida diaria
  • Interfiere con el descanso
  • Hay kinesiofobia
  • Ocasiona frustración
  • No sabes qué hacer, no te dan ninguna solución.

Es de especial utilidad acudir a un fisioterapeuta familiarizado o especializado en casos de dolor crónico.

Diagnóstico diferencial

Debido a la gran complejidad de este tipo de dolor, y la gran variabilidad de síntomas y comportamientos del dolor en cada persona, es muy importante descartar otras causas, antes de considerar un origen del sistema nervioso. 

  • Lesiones musculares o articulares con o sin compromiso nervioso
  • Patologías reumáticas inflamatorias.
  • Neuropatías: diabetes, déficit vitamínico…
  • Fibromialgia
  • Enfermedades sistémicas o autoinmunes
  • Tumores
  • Infecciones activas
  • Patologías neurológicas
  • Trastornos psicológicos/psiquiátricos

 

Tratamiento de fisioterapia

El enfoque fisioterapéutico para este dolor es diferente al de otras patologías en las que hay daño tangible del tejido. No sigue los tratamientos convencionales, sino aplicados al sistema nervioso central y a la percepción del dolor. 

  • Educación en dolor
  • Explicar el funcionamiento del sistema nervioso
  • Explicar cómo funciona el dolor
  • Evitar el miedo al daño o al movimiento
  • Cambiar la percepción que se tiene del dolor
  • Técnicas manuales que colaboran en la desensibilización del sistema nervioso
  • Técnicas táctiles
  • Estimulación de áreas sin dolor
  • Estimulación de la discriminación táctil, para mejorar la percepción corporal y de los estímulos sobre el cuerpo. 
  • Trabajo con información sensorial
  • Ejercicio terapéutico
  • Ejercicio aeróbico
  • Ejercicio de fuerza progresivo
  • Ejercicios suaves de movilidad
  • Ejercicios suaves de control motor
  • Exposición gradual
  • Devolver de nuevo al cuerpo a la exposición ante los estímulos externos
  • Reducir el miedo al movimiento
  • Reentrenar el sistema nervioso y mejorar la tolerancia al movimiento
  • Adaptado a cada persona
  • Progresivo
  • Variable, para que no se acostumbre.
  • Regulación del sistema nervioso autónomo
  • Respiraciones diafragmáticas
  • Técnicas de activación del sistema nervioso parasimpático
  • Rutinas para la higiene del sueño
  • Técnicas de relajación y control emocional
  • Técnicas de modulación sensorial
  • Cambio de hábitos 
  • Hábitos de descanso y preparación al sueño
  • Organización laboral
  • Rutinas activas de ejercicio y activación física

Errores Frecuentes

Es importante reconocer que hay un dolor real, aunque no encuentres una lesión aparente o un daño estructural. Es normal querer encontrar una respuesta, y es entendible la frustración, ya que hay mucho desconocimiento acerca del tema. 

  • Seguir pensando en una lesión oculta: recurrir a infinidad de pruebas de imagen reforzando la idea de que hay algún daño que no se ha encontrado. Esto refuerza más la sensibilidad y favorece la perpetuación del dolor. 
  • Evitar moverse: dejar de hacer ejercicio, actividades o hacer reposo absoluto. Empeora el dolor nociplástico, aparte de traer más consecuencias negativas.
  • Automedicarse: la medicación genérica no tiene actuación sobre el sistema nervioso y no causará ningún efecto en tu dolor. Mejor consultar a un especialista previamente. 
  • Tratamientos agresivos: masajes dolorosos, intervenciones invasivas sin contexto, manipulaciones…
  • Pensar que todo dolor implica daño estructural
  • Buscar soluciones pasivas, únicamente. 
  • No tener continuidad en los tratamientos: este tipo de patologías suelen requerir largos periodos de tratamiento y la participación activa de cada paciente. 
  • No tener en cuenta el aspecto emocional: el estrés, la ansiedad, los contextos negativos… 
  • Aislamiento social: perpetua el dolor. 

Prevención y hábitos saludables

  • Priorizar el sueño: mantener una buena higiene del sueño, durmiendo entre 7 y 8 horas. 
  • Actividad física regular: mantenerse activo durante el día, salir a caminar, y hacer ejercicio físico de manera habitual. 
  • Exponerse a diferentes actividades: el cerebro agradece la variabilidad en tus actividades diarias, para no acostumbrarse y mejorar su adaptabilidad. 
  • Manejar herramientas contra la ansiedad y el estrés. 
  • Buscar actividades reconfortantes: mantener el ocio o actividades que te provoquen bienestar. 
  • Dar importancia a los vínculos sociales

Preguntas frecuentes (FAQs)

¿El dolor que siento es psicológico, si no hay una lesión?

No necesariamente. El dolor que sientes es real. El cerebro está respondiendo ante estímulos físicos, nerviosos y emocionales, que pueden alterar su respuesta y provocar este dolor, sin que haya un daño específico. 

¿Se cura?

Sí. Con el tratamiento adecuado y de la mano de profesionales que manejen el dolor crónico y el funcionamiento del sistema nervioso, se mejora y se puede conseguir erradicar. 

¿Por qué no sale nada en las pruebas de imagen?

Que no haya ningún resultado en una prueba de imagen solamente quiere decir que no hay un daño estructural. Sin embargo, este dolor puede provenir de una alteración en el sistema nervioso.


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