239
Inflamación del tendón de aquiles: Causas y cuidados para la tendinitis en el talón
¡Hola, caminantes, corredores, saltadores y demás seres humanos dependientes de sus tendones! Hoy os traigo una noticia para que descubráis qué es la temida tendinitis del tendón de Aquiles, por qué ocurre, cómo evitarla, cómo tratarla y, sobre todo, cómo sobrevivir para contarlo.
¿QUÉ ES LA TENDINITIS DEL TENDÓN DE AQUILES?
Como veis, el tendón de Aquiles es el tendón más famoso e histórico del cuerpo humano y, sí, también puede inflamarse. Se trata de un tendón que conecta los músculos de la parte posterior de la pierna (gastrocnemios o gemelos y sóleo) con el hueso del talón (calcáneo). El tendón de Aquiles es el motor de arranque para caminar, correr, saltar, y hasta tropezarnos con gracia.

Cuando este tendón se irrita o se inflama, hablamos de tendinitis. Esto puede ocurrir por sobreuso, mala técnica a la hora de hacer ejercicio, mala biomecánica de la pisada, uso de calzado inadecuado, y otras muchas cosas más que veremos a continuación.
Pero, antes que nada, quiero destacar algo que debemos comprender. Siempre que hablamos de inflamación de algún tendón, tenemos que diferenciar entre tendinitis y tendinosis.
- Tendinitis – es una inflamación aguda del tendón. Es la etapa inicial, digamos.
- Tendinosis – es una degeneración crónica del tendón. Ya no sólo hay inflamación, sino que hay desgaste del tendón. Se da cuando la fase aguda persiste, sin tratamiento.
¿QUÉ LE OCURRE A MI TENDÓN?
Imagínate el tendón como una cuerda recién comprada de escalada: fuerte, nueva, brillante, homogénea…Y ahora imagínate que esa cuerda ha sido usada como tendedero durante un año: se vuelve desgastada, deshilachada, más floja. Algo similar es lo que sucede con la tendinitis y la tendinosis.
Para que entendamos un poco de fisiología de las tendinopatías. Cada vez que hay cambios inflamatorios dentro del tendón o alguna lesión en él, pueden ocurrir estas cosas:
- Inflamación aguda: ante un daño o una lesión, acuden células inflamatorias en avalancha, para reparar la zona afectada.
- Vascularización: se crean nuevos vasos sanguíneos (neovascularización), para que lleguen más nutrientes a la zona, para poder repararla. Y, además, se lleven toda la sustancia de desecho que hay estorbando.
Si la lesión persiste, y el cuerpo no es capaz de reponer lo que se ha estropeado y repararlo, continúa progresando hacia una tendinosis:
- Colágeno en crisis: el colágeno tipo I (que normalmente tenemos en condiciones normales), empieza a deteriorarse. Se comienza su reemplazo por colágeno de tipo III, que es de menor calidad y peor organización, lo que debilita la zona y agrava el proceso.
- Desorganización estructural: las fibras, que antes se encontraban perfectamente dispuestas y ordenadas, ahora se desordenan y enmarañan.
- Más inflamación: siguen llegando células inflamatorias para reparar, pero a veces se concentran tan masivamente, que empeoran la situación.
- Vascularización caótica: como no se resuelve la cosa, siguen apareciendo nuevos vasos sanguíneos, de forma tan caótica que más que ayudar, a veces complican la estructura y la sintomatología.
- Degeneración progresiva: si no se corrige el problema, el tendón cada vez se vuelve más débil, más grueso y menos elástico. Hay que romper ese círculo vicioso, para reconducir la patología.
SIGNOS Y SÍNTOMAS DE LA TENDINITIS DE AQUILES
La tendinitis Aquílea tiene una sintomatología bastante característica, aunque puede variar según la fase de la lesión. Generalmente, encontramos:
- Dolor en el tendón, especialmente al empezar a movernos. Dolor localizado en la parte posterior del tobillo, normalmente en la zona media del tendón (unos cm por encima del talón), especialmente al caminar, correr o cuando volvemos a la actividad después de estar quietos.
- Rigidez matutina. Dolor y rigidez matutinos, al dar los primeros pasos al salir de la cama.
- Molestia al iniciar la actividad, que mejora cuando calientas un poco la estructura al estar activo, pero puede empeorar si abusas de esa actividad física.
- Dolor a la contracción o estiramiento.
- Disminución de la fuerza.
- Cojera o alteración de la marcha.
- Engrosamiento palpable del tendón.
- Sensibilidad al tacto.
- Dificultad para correr, subir o bajar escaleras.
CAUSAS DE LA TENDINITIS AQUÍLEA
- Sobrecarga: cuando hacemos más ejercicio del que tu estructura está acostumbrado a soportar, o cuando entrenamos sin dejar el descanso pertinente a la estructura.
- Técnica inadecuada: realizar ejercicios, especialmente aquellos que conllevan impacto, con una mala técnica, pueden derivar en problemas tendinosos del Aquiles.
- Mala progresión de la actividad física: cambios bruscos en la frecuencia, intensidad o duración, además de falta de calentamiento, rutinas de movilidad y elasticidad.
- Calzado inapropiado: uso de zapatillas con poca amortiguación, muy desgastadas, inadecuadas para nuestra actividad o inadecuadas para nuestro tipo de pisada o forma anatómica.
- Tensión muscular: una musculatura del gemelo o sóleo acortada o poco flexible, puede inducir problemas tendinosos.
- Rigidez articular o falta de movilidad: la disminución de la movilidad de tobillo, rodilla e incluso de la cadera, puede provocar compensaciones y sobrecarga en la musculatura y tendones.
- Alteraciones biomecánicas: pies cavos, planos o pronación excesiva o disfunción del glúteo medio, pueden provocar también este problema.
- Edad: con el paso de los años, todas nuestras estructuras envejecen también con nosotros, lo que predispone a sufrir este tipo de patologías. A partir de los 30-40 años, los tendones comienzan a perder elasticidad y a regenerarse más lentamente.
- Factores sistémicos y genéticos: enfermedades metabólicas como la diabetes, hipercolesterolemia o artritis reumatoide, pueden ser predisponentes a la tendinopatía.
¿A QUIÉN AFECTA MÁS?
- Corredores y deportistas de impacto: los runners, especialmente los de media y larga distancia. También jugadores de baloncesto, vóley y fútbol, debido a los saltos, cambios de dirección o sprints rápidos.
- Personas de mediana edad: entre los 30 y los 50 años, los tendones empiezan a perder elasticidad de forma natural.
- Personas con alteraciones biomecánicas: pie plano, cavo o pronadores excesivos.
- Personas con sobrepeso u obesidad: de por sí, el tendón de Aquiles ya soporta varias veces el peso corporal en las actividades normales. Si cargas más peso del previsto, le estás dando trabajo extra.
- Personas que usan calzado inadecuado: sandalias planas, tacones altos o zapatillas de correr muy poco amortiguadas o viejas.
- Personas con enfermedades sistémicas: diabetes tipo 2, hipercolesterolemia o artritis.
- Personas que sufren alteraciones genéticas en el gen COL5A1: se ve afectado el colágeno.
DIAGNÓSTICO Y DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL
Diagnosticar esta afección requiere remontarnos atrás en la aparición del dolor, mediante la historia clínica y la exploración, pero también necesita de tecnología de imagen para su confirmación.
- Historia clínica y exploración: el fisioterapeuta o personal sanitario te puede preguntar por tus síntomas, los hábitos de entrenamiento, el calzado que usas, uso de plantillas, cambios recientes en al actividad o calzado, antecedentes de lesiones, etc. Además, deberá palpar el tendón, a veces notando un engrosamiento respecto al otro lado sano, y te pedirá que hagas algunos movimientos para evaluar la aparición e intensidad de dolor.
- Pruebas complementarias:
- Ecografía: permite ver la estructura interna del tendón. Es útil para detectar el engrosamiento, medirlo, ver la desorganización de las fibras, zonas hipoecoicas y neovascularización.
- RMN: es más precisa, pero más costosa. Se reserva en casos crónicos o en los que se sospeche de una ruptura parcial o total del mismo, así como aquellos en los que en la ecografía no se hallan resultados esclarecedores.
- Diagnóstico diferencial con otras patologías. No todo dolor del talón o en la parte posterior del tobillo es una tendinitis aquílea. Hay que descartar otras patologías que pueden llevarnos a confusión fácilmente:
- Bursitis retrocalcánea: se produce un dolor más profundo y medial, dada la inflamación que se produce en la bursa existente entre el tendón de Aquiles y el calcáneo; además, suele acompañarse de enrojecimiento visible y mayor inflamación localizada.
- Síndrome de Haglund: se produce una deformidad ósea en la parte posterior del calcáneo, que roza con el tendón. Dolor normalmente con la presión.
- Ruptura parcial del tendón de Aquiles: dolor agudo, súbito, punzante, acompañado – a menudo – de una sensación de latigazo, acompañada de pérdida significativa de fuerza y una hendidura palpable en el tendón.
- Calcificaciones
- Tendinopatía insercional: dolor justo en la unión del hueso con el tendón. Es más difícil de tratar que la tendinopatía de la zona media del tendón.
- Fascitis plantar con irradiación posterior: aunque típicamente eld olor se produce en la planta del pie, puede confundirse irradiándose al talón en algunos casos.
- Neuropatía del nervio sural: dolor y parestesias en la zona lateral del talón o la pierna, que podrían confundirse con un dolor tendinoso.
TRATAMIENTO
Tratamiento médico
En fases agudas, o como complemento del tratamiento de fisioterapia, se pueden recomendar:
- AINEs
- Reposo relativo (pero no absoluto, cuidado).
- Infiltraciones de PRP (Plasma rico en plaquetas)
- Infiltraciones de corticoides
- Cirugía: solo en casos crónicos que no responden a ningún tratamiento conservador, o en casos severos.
Tratamiento de fisioterapia
Siempre de elección, antes que cualquier método invasivo, y siempre desde etapas tempranas para manejar mejor el dolor y la evolución de la patología.
- Educación y control de carga: es importante explicar al paciente y que conozcáis qué es la tendinopatía, por qué se produce, qué factores pueden ayudar o perjudicar y, sobre todo, cómo continuar nuestra actividad física o cómo modificar la carga sin detener por completo la actividad.
- Ejercicio terapéutico: es la estrella para el manejo de las tendinopatías, en especial el ejercicio EXCÉNTRICO.
- Ejercicio excéntrico, método Alfredson: 3 series de 15 repeticiones, 2 veces al día, durante 12 semanas mínimo. Progresión gradual con pesas o chaleco lastrado, según tolerancia; además de inclusión de nuevos ejercicios, más cercanos a la actividad o deporte habitual.

- Otros ejercicios: también se incluyen ejercicios isométricos (ideales para fase de dolor agudo), concéntricos y pliométricos (en fases de recuperación más avanzadas) y ejercicios de estabilidad y propiocepción (para un completo abordaje de la estructura, sin perder su eficiencia).
- Terapia manual: podemos realizar técnicas de liberación miofascial, masaje terapéutico en la zona del gemelo y sóleo para liberar el tendón, así como movilizaciones de tobillo, rodilla y cadera, para mejorar el patrón de movimiento.
- Punción seca: de la musculatura del sóleo y gemelo, especialmente el gemelo interno, para liberar el tendón y abordar dolores referidos.
- Neuromodulación y electroterapia
- Corrientes analgésicas para disminuir el dolor: TENS.
- Neuromodulación percutánea ecoguiada.
- Ondas de choque: eficaces para estimular la regeneración y modular el dolor crónico. Mejor aún si se combinan con otras terapias, especialmente el ejercicio.
- EPI/EPTE: recomendadas especialmente cuando hay tendinopatías crónicas resistentes a otros tratamientos y cuando hay fibras desorganizadas visibles por ecografía. Siempre como parte de un plan de fisioterapia combinado con ejercicios y control de carga.

- Diatermia: es una excelente aliada para el tratamiento, siempre que se use como parte de un tratamiento global que incluya ejercicio, corrección biomecánica y técnica, y educación al paciente. Produce disminución del dolor, favorece la regeneración y facilita la transición al ejercicio y, por tanto, una mejoría más rápida.
- Bomba diamagnética: es una herramienta prometedora, con efectos antiinflamatorios, analgésicos y regenerativos no térmicos, y es útil como complemento a los ejercicios excéntricos y otras terapias, para acelerar el proceso de recuperación y favorecer la eficacia del tratamiento.
¿QUÉ DICE LA CIENCIA SOBRE EL TRATAMIENTO IDEAL DE LA TENDINITIS DE AQUILES?
- Debe incluir siempre ejercicios excéntricos.
- Cargas progresivas: esencial para estimular la regeneración tendinosa.
- Las terapias pasivas solas NO son efectivas. Deben combinarse siempre, incluyendo métodos que favorezcan la eliminación de la inflamación y ejercicio excéntrico.
¿CUANTO TIEMPO TARDA EN RECUPERARSE?
Lo primero de todo, y que siempre os decimos en consulta: cada tendón tiene su ritmo, y cada persona es diferente. La duración de la recuperación de una tendinitis o tendinosis del tendón de Aquiles depende de muchos factores: la fase en la que se encuentra, el tratamiento aplicado, la constancia del paciente y la presencia de factores de riesgo. Pero tranquilos, no es eterno.
Vamos a verlo según tipo de tratamiento, con respaldo científico:
- Ejercicio excéntrico:
- Estudios muestran mejoría significativa entre las 8 y 12 semanas, especialmente con el protocolo de Alfredson (3×15 repeticiones, 2 veces al día).
- La remisión completa puede tardar de 3 a 6 meses en casos moderados.
- En tendinosis crónica, pueden necesitarse hasta 9-12 meses de tratamiento progresivo.
- Ondas de choque extracorpóreas (ESWT)
- Efectivas para casos crónicos.
- Mejora del dolor desde la 3.ª o 4.ª sesión, pero el efecto máximo suele observarse tras 6 a 12 semanas.
- Combinadas con ejercicios, acortan el tiempo de recuperación hasta en un 30% según meta-análisis (Rompe et al., 2007).
- Tratamiento médico (AINEs, PRP, reposo relativo)
- AINEs alivian el dolor agudo en 1-2 semanas, pero no abordan el problema estructural.
- Infiltraciones de PRP pueden requerir 2 a 3 aplicaciones con resultados visibles en 8 a 16 semanas (nivel de evidencia moderado).
- Reposo sin terapia activa puede incluso prolongar el proceso.
- Cirugía (en casos extremos)
- En tendinosis muy avanzada, la cirugía puede ser necesaria.
- El tiempo de recuperación postoperatorio suele ser de 3 a 6 meses hasta la actividad deportiva ligera.
- Para deportes de alto impacto, se recomienda esperar hasta los 9-12 meses.
- Terapia combinada (fisioterapia + ejercicio + ondas de choque, por ejemplo)
- El enfoque multimodal es el más efectivo.
- Se estima una recuperación funcional completa en 12-16 semanas en pacientes comprometidos.
Factores que alargan el tiempo de recuperación:
- No respetar los tiempos de carga.
- Volver al deporte demasiado pronto.
- No tratar la causa biomecánica subyacente.
- Sedentarismo prolongado.
- No ser constante en el tratamiento y recomendaciones del fisioterapeuta.
En resumen: tiempo y carga bien dosificada son los dos ingredientes clave. Si respetas el plan, trabajas con constancia y te dejas guiar por un buen fisioterapeuta, tu tendón de Aquiles volverá a ser un campeón. Como dicen los estudios: el movimiento bien hecho cura más que el reposo absoluto.
CURIOSIDADES DEL TENDÓN DE AQUILES
¿Sabíais que el tendón de Aquiles es casi un superhéroe anónimo dentro de vuestro cuerpo? Para terminar con la noticia de hoy, os cuento algunas curiosidades sobre él, para que lo miréis con otros ojos, porque no todo es dolor y patología.
Para empezar, su nombre. ¿De dónde deriva? Nos remontamos atrás en la historia:
El tendón de Aquiles debe su nombre a un personaje de la mitología griega: Aquiles, el gran guerrero de la “Ilíada” de Homero.
Cuenta la leyenda que cuando Aquiles era un bebé, su madre, Tetis, quiso hacerlo invulnerable. Para lograrlo, lo sumergió en el río Estigia, cuyas aguas conferían inmunidad. Pero había un pequeño problema: para sujetarlo mientras lo sumergía, Tetis lo agarró por el talón. Así, esa pequeñísima parte del cuerpo de Aquiles no tocó el agua mágica… ¡y quedó vulnerable!
Más tarde, durante la Guerra de Troya, Aquiles luchó como un semidiós imparable, hasta que Paris, con la ayuda del dios Apolo, disparó una flecha que lo alcanzó precisamente en su único punto débil: el talón. Fue su perdición.
En honor a esa historia, el tendón que conecta los músculos de la pantorrilla con el talón —ese que, si se rompe, nos deja fuera de combate— recibió el nombre de tendón de Aquiles. Así que, en cierto modo, ¡todos tenemos un pequeño talón de Aquiles anatómico!
Otras curiosidades sobre este tendón:
- Fuerza sobrehumana: este tendón es capaz de soportar hasta 12 veces tu peso corporal. Esto significa que, si pesas 75kg, por ejemplo, tu tendón de Aquiles es capaz de aguantar más de 900kg al correr. Literalmente, es como si te llevaras la lavadora puesta en cada zancada.
- Una cuerda de élite: mide aproximadamente 15cm de largo (en unos afortunados más, en otros menos afortunados, menos) y tiene unos pocos milímetros de grosor en comparación a su longitud, pero es el más fuerte y grueso del cuerpo humano.
- Poco riego sanguíneo: lo que genera muchos problemas. Aunque es fuerte como un roble, su vascularización es limitada, especialmente en la parte media (entre 2 y 6 cm por encima del talón), lo que hace que sea una zona más débil y propensa a lesionarse y más retrasado de recuperar.
- Energía elástica al estilo del canguro: en animales, como los canguros, hay tendones similares al de Aquiles, que funcionan como trampolines energéticos. En los humanos también cumplen una función de almacenamiento y liberación de energía, lo que nos permite correr y saltar con gran propulsión.
BIBLIOGRAFÍA
- Alfredson H. et al. (1998). Heavy-load eccentric calf muscle training for the treatment of chronic Achilles tendinosis. The American Journal of Sports Medicine.
- Silbernagel KG, et al. (2007). Eccentric overload training for patients with chronic Achilles tendinopathy: a randomized controlled study with reliability testing of outcome measurements. The American Journal of Sports Medicine.
- Malliaras P, et al. (2013). Loading programs to treat tendinopathy: a systematic review and meta-analysis. British Journal of Sports Medicine.
- Magnusson SP, Kjaer M. (2010). The pathogenesis of tendinopathy: balancing the response to loading. Nature Reviews Rheumatology.
- Abat F, et al. (2009). Effectiveness of the Intratissue Percutaneous Electrolysis technique in treating patellar tendinopathy: a pilot study. Journal of Orthopaedic Surgery and Research.
- Sánchez-Ibáñez JM. (2012). EPI: Electrolisis Percutánea Intratisular en las tendinopatías crónicas. Revista Internacional de Ciencias Podológicas.
- Bito T, et al. (2019). Effect of capacitive and resistive electric transfer therapy on Achilles tendinopathy: a randomized controlled trial. Journal of Physical Therapy Science.
- Mancini D, et al. (2018). Diathermy by capacitive-resistive electric transfer in musculoskeletal disorders: a systematic review. Physikalische Medizin, Rehabilitationsmedizin, Kurortmedizin.
- Rompe JD, et al. (2007). Shock wave therapy for chronic tendinopathy of the Achilles tendon: a double-blind, randomized clinical trial. The American Journal of Sports Medicine.
- De Sanctis L, et al. (2020). Diamagnetic therapy in musculoskeletal rehabilitation: effects on pain and function. Archivio di Medicina dello Spor









