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Pinzamiento Lumbar: Síntomas Reales y Tratamiento con Fisioterapia
El pinzamiento lumbar es una compresión de una raíz nerviosa en la zona baja de la espalda, no un bloqueo óseo, como muchos piensan. Causa dolor, hormigueo, rigidez o entumecimiento, que pueden llegar hacia el glúteo o la pierna. La fisioterapia contribuye a reducir el dolor, mejorar la movilidad y prevenir recaídas.
INTRODUCCIÓN
Ese dolor en la espalda baja, que puede bajar por la pierna, a veces acompañado de hormigueo, debilidad o entumecimiento. Sentir dolor al levantarse de la silla, al girar para alcanzar algo del asiento trasero del coche, e incluso al estornudar. Ese dolor que puede aparecer después de un día de mudanza, tras varias horas sentado en la misma posición o después de un mal gesto al levantar peso. Todo ello se engloba bajo el concepto de “pinzamiento lumbar”, aunque no siempre se emplea con precisión.

Muchos pacientes acuden a consulta, aludiendo “tener un pinzamiento lumbar”, tras un autodiagnóstico por internet. Esta creencia suele ir relacionada a una lesión grave, cirugías, y la idea de que un hueso se ha descolocado, o ha atrapado un nervio; pero nada más lejos de la realidad.
En primer lugar, el dolor es real, pero las creencias alrededor de él están equívocas. Solamente es tu cuerpo avisándote de algo que no funciona como debería. En segundo lugar, la mayoría de los casos de pinzamiento lumbar mejoran con fisioterapia y movimiento, no necesitan ninguna cirugía o medicación fuerte.
No hace falta alarmarse, solamente entender qué pasa y actuar de la mano de un profesional.
¿QUÉ ES EXACTAMENTE UN PINZAMIENTO LUMBAR?
El término “pinzamiento lumbar” se utiliza para describir una situación en la que alguna estructura lumbar genera dolor por irritación o compresión. Se trata de una compresión de tejidos blandos o raíces nerviosas, pero no es un hueso atrapado, ni una vértebra descolocada, como a veces se cree.
Lo más habitual es que se produzca dolor, hormigueo, entumecimiento o debilidad, como resultado de una compresión o irritación de una raíz nerviosa lumbar. Esa compresión puede tener origen articular, muscular o de otros tejidos circundantes.

Estructuras implicadas:
- Vértebras lumbares: los cinco últimos huesos de la columna vertebral.
- Discos intervertebrales: son tejidos blandos que sirven de amortiguación entre las vértebras. Pueden desgastarse o romperse, sobresaliendo de su perímetro normal, y pinzar el nervio.
- Raíces nerviosas: los nervios salen de la médula espinal, que se encuentra en el interior de la columna vertebral, mediante unos agujeros entre una vértebra y otra, por su lateral. Por estos denominados agujeros de conjunción, salen las raíces que conforman el nervio ciático, por ejemplo.
- Articulaciones facetarias: se trata de pequeñas articulaciones donde se apoya una vértebra con su inferior, y con su superior. Cuando se inflaman o se comprimen, pueden irritar el nervio o pueden disminuir su agujero de salida.
- Músculos y ligamentos: tensión excesiva o, por el contrario, falta de estabilidad o tono en la musculatura del CORE, puede provocar compresión de las raíces nerviosas.
Diferenciación de conceptos:
- Pinzamiento discal: el disco intervertebral presiona hacia fuera, irritando la raíz nerviosa o algunas estructuras adyacentes. Molesta más al flexionar la columna.
- Hernia discal: el material interno del disco intervertebral se sale de su sitio, produciendo compresión de la raíz nerviosa. Puede provocar dolor u hormigueo por toda la pierna.
- Pinzamiento muscular: la sobrecarga de la musculatura lumbar puede presionar los tejidos de alrededor. Es el más común, y el menos grave.
- Pinzamiento facetario: las pequeñas articulaciones entre las vértebras se inflaman e irritan los tejidos y estructuras adyacentes. Duele más cuando flexionamos la columna hacia atrás.
- Lumbalgia mecánica: dolor lumbar sin que haya afectación nerviosa, proveniente de la musculatura. Dolor localizado, relacionado con el movimiento o la postura.
CAUSAS
- Posturas mantenidas: especialmente aquellas en las que predomina la espalda en flexión. Pasar horas sentado en la misma posición frente al ordenador, por ejemplo. Produce una gran presión sobre los discos lumbares.
- Mala técnica al levantar peso: especialmente aquellas posturas que involucran levantar pesos con la espalda encorvada, las piernas rectas y giro de la columna con el peso.
- Movimientos repetitivos: algunas profesiones, especialmente, que involucran muchos movimientos de torsión, y la práctica de algunos deportes sin técnica previa.
- Desequilibrios musculares: falta de equilibrio entre el tono de la musculatura anterior y la posterior, puede provocar compensaciones.
- Debilidad muscular: especialmente de la musculatura profunda, que da estabilidad. Musculatura del CORE y glútea, en específico.
- Cambios degenerativos: propios de la edad, o fruto de un desgaste prematuro. Los discos intervertebrales tienden a perder agua y, por tanto, altura, reduciendo el espacio de salida de los nervios y favoreciendo el roce de las estructuras.
- Sedentarismo: sobre todo cuando se combina con picos de actividad. Pasar periodos sin estar activo y, posteriormente, hacer todo lo contrario, no deja tiempo al cuerpo a prepararse de manera adecuada para ello, y favorece su desgaste y debilidad de manera precoz.
- Estrés: la tensión emocional y estrés mantenidos provocan que la musculatura esté más tiempo contraída del que debiera, provocando fatiga y pérdida de función de la misma.
SÍNTOMAS HABITUALES
Es importante destacar que el dolor lumbar no siempre indica gravedad. La intensidad del dolor es individual, y no siempre refleja la gravedad.
- Dolor en la zona baja de la espalda. Agudo o sordo, a veces más intenso al levantarse tras un periodo inactivo, o al estar mucho tiempo en la misma posición.
- Dolor que baja por la pierna. Puede variar según la postura y sigue el recorrido nervioso del nervio ciático, por lo general.
- Dolor localizado. Dolor localizado en un punto concreto junto a la columna o que se reproduce al presionar con el dedo.
- Hormigueo o entumecimiento. Sensaciones raras, eléctricas o adormecimiento en glúteo, muslo, gemelos o pie.
- Debilidad muscular. Dificultad para caminar, levantar el pie, o ponerse de puntillas.
- Calambres. Sensaciones eléctricas, especialmente con la compresión de la zona lumbar al toser, hacer esfuerzos o estornudar, por ejemplo.
- Rigidez lumbar. Dificultad para inclinarse hacia delante, girar el cuerpo o andar con normalidad. Especialmente en las mañanas, y mejora con la actividad.
- Dificultad para estar de pie mucho tiempo. Te obliga a cambiar de postura constantemente, o sentarte.
- Alivio al tumbarse. Especialmente con las rodillas flexionadas y boca arriba.
¿CUÁNDO CONSULTAR CON EL FISIOTERAPEUTA?
- Dolor que dura más de una semana, sin mejoría.
- Limitación para moverte o descansar.
- Episodios repetidos de dolor lumbar.
- Siempre aparece dolor haciendo la misma actividad.
- Dolor que baja por la pierna
- Rigidez lumbar o inestabilidad persistente.
La mayoría de episodios de “pinzamiento lumbar” pueden ser abordados por el fisioterapeuta con buen pronóstico. En la mayoría de casos no es necesaria ninguna prueba de imagen para empezar el tratamiento. Sin embargo, hay que tener en cuenta lo siguiente para visitar de forma prioritaria a un médico, antes de acudir a consulta de fisioterapia:
- Pérdida de fuerza en la pierna
- Pérdida de sensibilidad, especialmente en la zona genital.
- Pérdida de control de esfínteres
- Dolor muy intenso tras un traumatismo.
- Fiebre asociada
- Dolor que te despierta de manera sistemática en la noche.
- Dolor que no cede con reposo, y no se soporta.
DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL
El término “pinzamiento lumbar” engloba varios síntomas, de tal forma que es fácil confundirlo con otras condiciones. Un buen diagnóstico diferencial evita prolongar el problema durante semanas, atajarlo de manera directa y dar la posibilidad de derivar a otros especialistas de manera temprana.
TRATAMIENTO DE FISIOTERAPIA
El tratamiento para el “pinzamiento lumbar” no consiste en poner el hueso en su sitio, ni colocar las vértebras, ni recolocar el nervio, como se suele creer. No hay nada fuera de su sitio, sino estructuras comprimidas, que necesitan recuperar su espacio, su movilidad normal y necesitan protección de la musculatura que lo rodea.
El objetivo principal es reducir el dolor. Después, recuperar la movilidad, mejorar la funcionalidad y evitar que haya recaídas en el futuro. Para ello, es importante ir de la mano de un profesional fisioterapeuta, que individualice el tratamiento y lo adapte a tu situación:
EDUCACIÓN EN EL DOLOR
- Explicar el problema de forma clara, para que el paciente entienda lo que pasa en su cuerpo y participe en su evolución.
- Evitar el miedo al movimiento
- Evitar el reposo absoluto
- Favorecer la actividad de manera progresiva.
TERAPIA MANUAL
- Puede ayudar al principio para aliviar los síntomas iniciales.
- Movilidad articular
- Masoterapia de la zona lumbar y glútea, específicamente.
AGENTES FÍSICOS
- Punción seca
- Radiofrecuencia: C200, diatermia.
- Terapia diamagnética: bomba diamagnética.
- Terapia súperinductiva: campos magnéticos de alta intensidad.
- Electroterapia: electropunción, TENS.
- Crioterapia: al inicio, cuando hay inflamación aguda. Nunca calor directo en la fase aguda.
- Termoterapia: fuera de la fase aguda, para relajar las estructuras adyacentes.
EJERCICIO TERAPÉUTICO
- Movilidad activa de la columna lumbar.
- Fortalecimiento del CORE profundo, glúteos y estabilizadores de la columna.
- Ejercicios de control motor y coordinación.
- Reeducación de los gestos deportivos, si se hace un deporte concreto.
- Reeducación postural y de los gestos habituales de la vida diaria.
- Estiramientos específicos.

PREVENCIÓN
- Integración de hábitos de la vida diaria.
- Entrenamiento más global, especialmente de la cadena posterior.
- Control de la respiración y de la presión intraabdominal.
- Se enseña qué hacer ante molestias y a saber identificarlas.
ERRORES FRECUENTES
- Reposo absoluto: la inmovilidad empeora la rigidez y retrasa la recuperación. Solo está indicado en cortos periodos de tiempo, cuando el dolor es muy agudo, y bajo prescripción de un profesional.
- Ignorar la sintomatología: continuar con las actividades diarias, ignorando el dolor, puede cronificar el problema y retrasar su solución.
- Autodiagnosticarse: cada persona cuenta con factores individuales que deben analizarse por un profesional, y no todo es generalizado. Cada caso es diferente y requiere una evaluación individualizada.
- Dejar el tratamiento cuando el dolor desaparezca: el dolor comienza a desaparecer en las primeras sesiones de tratamiento, pero no quiere decir que el problema se haya resuelto. De hecho, puede favorecer una recaída.
- Resolverlo sólo con medicación: en la mayoría de los casos el origen es mecánico, si no se resuelve a través del movimiento y el ejercicio guiado, se favorece la recaída. Los antiinflamatorios son parches, que alivian el dolor, pero no corrigen la causa.
- Utilizar arnés o cinturones lumbares: sólo son recomendables para momentos puntuales. El uso diario de estas estructuras debilita la musculatura y hace perder la función de la misma.
PREVENCIÓN Y HÁBITOS SALUDABLES
La mejor estrategia contra los “pinzamientos lumbares” es mantener una espalda activa y fuerte.
- Haz ejercicio de manera regular
- Evita mantener posturas más de 45 minutos; realiza cambios frecuentes.
- Intenta levantarte, si pasas mucho tiempo sentado.
- Descansa bien, y las horas necesarias.
- Prioriza el trabajo de fuerza: glúteos, CORE, espalda.
- Prioriza la técnica por encima del peso.
- Gestiona el estrés
- Evita el sedentarismo prolongado
- Lleva una correcta dieta e hidratación
- Presta atención a tu calzado y evita los tacones altos de forma habitual
PREGUNTAS FRECUENTES (FAQs)
¿El pinzamiento lumbar se cura solo?
A veces puede desaparecer el dolor solo, sí. Sin embargo, ese dolor ha sido un aviso de que algo no está funcionando como debiera, así que lo ideal es acudir al fisioterapeuta para evitar que vuelva a aparecer.
¿La fisioterapia duele?
No debería. Puede haber algunas técnicas que pueden ser incómodas, pero el dolor no es el objetivo del tratamiento. A más dolor, no significa mejor evolución. Debes comunicarte con el fisioterapeuta durante el tratamiento, para saber qué sensaciones son normales y cuáles no.
¿Cuándo hay que operar?
La cirugía suele ser la última de las opciones a valorar, especialmente cuando todos los tratamientos conservadores previos han fracasado, sin mejoría de la sintomatología. Puede contemplarse en casos con déficit neurológico progresivo, pérdida de control de esfínteres o antecedentes traumáticos que requieran reparación estructural.
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