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Epifisiolisis: Tipos y tratamientos para la fractura en el cartílago de crecimiento
La salud musculoesquelética es uno de los pilares fundamentales para mantener una vida activa y de calidad, especialmente en las etapas de crecimiento y desarrollo. Desde mi experiencia como fisioterapeuta, he tenido la oportunidad de atender a numerosos pacientes que han pasado por este proceso y han encontrado en el tratamiento fisioterapéutico una herramienta vital para su recuperación.
Imagina esto: un adolescente deportista, de esos que no paran quietos ni para merendar, empieza a cojear un poco. Nada grave, piensan sus padres. Quizás una sobrecarga, un estirón… Pero pasan los días y el dolor no se va. A veces le duele más después de hacer deporte, otras simplemente al caminar. Va al médico, le hacen una radiografía… y voilà: epifisiolisis.
¿Qué es la epifiosilisis?
La epifisiolisis es una condición ortopédica que afecta, principalmente, a niños y adolescentes durante el período de crecimiento. Se caracteriza por una fractura, deslizamiento o separación de la epífisis, que es la porción del hueso en crecimiento situada en las terminaciones de los huesos largos, de la metáfisis, que es la parte más cercana al centro del hueso. Este desplazamiento ocurre en la placa de crecimiento, una zona cartilaginosa que se encuentra en estado de constante actividad para permitir el alargamiento del hueso.
Esta afección representa, aproximadamente, el 20% de todas las fracturas en niños, siendo más común en varones durante las etapas de mayor actividad del cartílago de crecimiento.
El crecimiento óseo en niños y adolescentes depende en gran medida de la actividad de la placa epifisaria. Durante la pubertad, esta placa es especialmente vulnerable debido a las rápidas modificaciones hormonales y estructurales. Es en este contexto que se manifiesta la epifisiolisis, siendo más común en la región proximal del fémur (conocida como epifisiolisis de la cabeza femoral) y en otras áreas de carga en el esqueleto en crecimiento.
Para entender de forma sencilla, imagina que la epífisis es como una tapa de un tarro que se ha salido de su lugar debido a una sobrecarga o a un proceso degenerativo en la placa de crecimiento. Este fenómeno puede generar inestabilidad en la estructura ósea y provocar dolor, inflamación y, en casos graves, alterar la biomecánica de la articulación afectada.
Anatomía del hueso en crecimiento
Para comprender mejor la epifisiolisis, es esencial conocer la estructura de los huesos largos en crecimiento. Estos huesos constan de tres partes principales:
- Epífisis: es la porción extrema de un hueso largo, situada en los extremos de la diáfisis. En los niños y adolescentes, la epífisis está separada de la diáfisis por la placa de crecimiento o fisis. Su función principal es la de formar las articulaciones y facilitar el crecimiento óseo hasta la madurez esquelética.
- Metáfisis: zona intermedia del hueso, situada entre la epífisis y la diáfisis. En esta zona se encuentran los vasos sanguíneos y los tejidos responsables de la osificación, permitiendo el crecimiento óseo. La metáfisis es particularmente vulnerable a las fracturas en los niños, debido a su estructura menos densa, en comparación con el hueso adulto.
- Diáfisis: zona central y alargada del hueso largo. Su estructura está compuesta mayormente por hueso compacto, lo que le confiere resistencia mecánica. A medida que el hueso crece, la diáfisis se alarga gracias a la actividad de la placa de crecimiento.

- Placa de crecimiento o fisis: es una estructura cartilaginosa situada entre la epífisis y la metáfisis. Su función principal es el crecimiento longitudinal de los huesos largos a a través del proceso de osificación endocondral. Y está compuesta por cinco zonas: zona de reserva, zona de proliferación, zona de hipertrofia, zona de calcificación y zona de osificación.
- Periostio: es una membrana fibrosa que recubre los huesos y participa en la nutrición y regeneración ósea. En niños y adolescentes, el periostio es más grueso y activo, lo que contribuye a una ráoida reparación de las fracturas.
- Cartílago articular: recubre las superficies articulares de la epífisis, facilitando el movimiento sin fricción entre los huesos en las articulaciones.
La epifisiolisis ocurre cuando hay una separación entre la epífisis y la metáfisis a nivel de la placa de crecimiento, lo que puede afectar el crecimiento óseo si no se trata adecuadamente. Debido a que la fisis es la región más débil del hueso en crecimiento, es más susceptible a lesiones en niños y adolescentes, especialmente en aquellos que practican deportes o están en etapas de rápido crecimiento.
Tipos de epifisiolisis
La clasificación más utilizada para describir los diferentes tipos de epifisiolisis es la que realizaron Salter y Harris, que distingue cinco categorías, según el patrón de fractura, y su afectación de la fisis, metáfisis y epífisis:
- TIPO I: separación completa de la epífisis respecto a la metáfisis a través de la fisis, sin afectar al hueso adyacente. Generalmente no hay desplazamiento significativo.
- TIPO II: fractura que atraviesa la fisis y se extiende hacia la metáfisis, formando un fragmento triangular, conocido como “signo de Thurston Holland”. Es el tipo más común.
- Tipo III: fractura que atraviesa la epífisis y la fisis, extendiéndose hasta la superficie articular. Este tipo puede afectar a la articulación y tiene implicaciones en el crecimiento.
- Tipo IV: fractura que atraviesa la epífisis, la fisis y la metáfisis, comprometiendo tanto el cartílago de crecimiento como las superficies articulares y óseas adyacentes.
- Tipo V: lesión por compresión de la fisis debido a una fuerza axial que daña el cartílago de crecimiento sin una fractura evidente. Es menos común y puede ser difícil de diagnosticar inicialmente.

Además de la clasificación de Salter y Harris, existen otras clasificaciones que amplían o detallan más estos tipos:
- Tipo VI: añadido en la clasificación de Rang y Ogden, describe una avulsión de la fisis periférica, donde se afecta a la periferia del cartílago de crecimiento, pudiendo limitar el crecimiento óseo.
- Clasificación de Peterson: incluye un tipo VI que se refiere a fracturas abiertas donde falta una parte de la epífisis, la placa de crecimiento y la metáfisis, comúnmente resultantes de traumatismos graves.
Signos y síntomas
- Dolor en la zona de la lesión.
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- El dolor suele ser localizado en la articulación o en el extremo del hueso afectado. Suele ser un dolor sordo o agudo, que aumenta con el movimiento o la presión.
- Puede empeorar con actividades que impliquen cargar peso o movimiento de la zona afectada (por ejemplo, caminar o correr).
- Hinchazón (edema).
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- La zona alrededor de la fisis lesionada puede presentar hinchazón y aumento de volumen debido a la inflamación.
- Esta hinchazón puede estar acompañada de hematomas si hay sangrado interno.
- Limitación en el rango de movimiento.
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- El niño o adolescente puede tener dificultad para mover la articulación afectada o limitar el movimiento debido al dolor.
- Esto es más evidente en las articulaciones cercanas a la fisis (por ejemplo, rodilla, tobillo, cadera, hombro).
- Deformidad (en casos graves).
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- Si la lesión es severa y la fractura es desplazada, puede haber deformidad visible en la articulación afectada. Esto es más común en lesiones graves de tipo III y IV de la clasificación de Salter-Harris.
- En algunos casos, puede observarse una postura anormal o inclinación del hueso en la zona afectada.
- Cojera al caminar. En lesiones de las extremidades inferiores (como en el fémur o tibia), los niños pueden caminar con cojera debido al dolor al apoyar el peso sobre la pierna afectada.
- Sensibilidad al tacto. La zona de la fisis lesionada suele estar muy sensible al tacto. Al presionar sobre el área, el niño puede quejarse de dolor intenso.
- Alteración en el crecimiento del hueso (en casos no tratados o graves). Si la epifisiolisis no se trata adecuadamente, puede haber alteraciones en el crecimiento del hueso, lo que podría resultar en deformidades en el futuro.
Posibles síntomas adicionales (dependiendo de la localización y gravedad).
- Inestabilidad articular: En algunas epifisiolisis más graves, puede haber una sensación de inestabilidad o debilidad en la articulación afectada.
- Calor local: A veces, debido a la inflamación y el proceso de curación, puede haber una sensación de calor en la zona afectada.
Diagnóstico epifisiolisis
El diagnóstico de la epifisiolisis se fundamenta en la combinación de la historia clínica, el examen físico y estudios de imagen. Desde la perspectiva del fisioterapeuta, es esencial conocer estos aspectos para planificar una rehabilitación adecuada.
Historia Clínica y Síntomas
- Dolor localizado
- Limitación de movilidad
- Inflamación y sensibilidad
- Dificultad en actividades cotidianas: el dolor y la limitación pueden afectar actividades como caminar, correr y sentarse prolongadamente.
Pruebas de Imagen
- Radiografías: son el estándar para confirmar el diagnóstico. En las radiografías se pueden observar signos de deslizamiento o desplazamiento de la epífisis.
- Resonancia Magnética (RM): se utiliza en casos en que la imagen radiográfica no es concluyente o para evaluar daños en tejidos blandos y la extensión del deslizamiento.
- Tomografía Computarizada (TC): en situaciones específicas, para evaluar con mayor detalle la estructura ósea y la orientación de la epífisis.
Evaluación Funcional
Además de las pruebas de imagen, la evaluación funcional realizada por un fisioterapeuta es crucial para identificar limitaciones en la movilidad, debilidad muscular y alteraciones en la marcha. Estas observaciones ayudan a determinar el grado de afectación y a diseñar un plan de rehabilitación personalizado.
¿A quién le ocurre la epifisiolisis?
- Niños y adolescentes: generalmente, la epifisiolisis se observa en adolescentes en etapa de crecimiento rápido, especialmente entre los 10 y 16 años.
- Predisposición en niños con sobrepeso: el exceso de peso incrementa la carga en la placa de crecimiento, haciendo que sea más susceptible a sufrir deslizamientos.
- Deportistas jóvenes: aquellos que practican deportes de alto impacto, como futbol, baloncesto o atletismo, tienen un mayor riesgo de desarrollar esta condición.
Factores de riesgo para la epifisiolisis
- Genética: algunos estudios sugieren que puede existir una predisposición genética que aumente el riesgo de sufrir epifisiolisis.
- Cambios hormonales: durante la pubertad, l as fluctuaciones hormonales pueden debilitar la estructura de la placa de crecimiento.
- Actividades de alto impacto: la práctica intensiva de deportes y actividades físicas que generan altos niveles de estrés pueden provocarlo.
Posibles complicaciones epifisolisis
Es fundamental un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado de la epifisiolisis para minimizar el riesgo de estas complicaciones. El seguimiento médico regular permite monitorizar la recuperación y detectar a tiempo cualquier anomalía en el proceso de curación.
- Alteraciones en el crecimiento: una lesión en la fisis puede provocar una detención parcial o total del crecimiento óseo, resultando en deformidades angulares o acortamiento del miembro afectado.
- Necrosis avascular (osteonecrosis): ocurre cuando se interrumpe el suministro sanguíneo a la epífisis, llevando a la muerte del tejido óseo. Esta complicación es más común en epifisiolisis inestables y puede provocar el colapso de la cabeza femoral.
- Condrolisis: consiste en la degeneración rápida del cartílago articular, lo que disminuye el espacio articular y limita la movilidad de la articulación. Puede estar relacionada con la penetración de implantes en la articulación o con el uso prolongado de inmovilizaciones.
- Artrosis precoz: una mala alineación o reducción inadecuada de la fractura puede predisponer al desarrollo temprano de artrosis en la articulación afectada.
- Choque fémoroacetabular: deformidades residuales tras la epifisiolisis pueden provocar un impingement o choque entre el fémur y el acetábulo, causando dolor y limitación del movimiento.
Tiempos de curación epifisiolisis
En general, las fracturas en el cartílago de crecimiento pueden tardar varias semanas (aproximadamente 6-8 semanas) en consolidarse por completo. Durante este período, es común que se utilice una inmovilización con yeso para proteger y mantener la alineación adecuada del hueso mientras sana.
En casos de epifisiolisis más complejas, como las que afectan la cabeza femoral, el tratamiento suele incluir cirugía para estabilizar el hueso deslizado. Después de la intervención, el uso de muletas es común para aliviar el dolor y mantener la estabilidad de la cadera durante la recuperación. La duración del proceso de curación en estos casos puede extenderse (aproximadamente 8-12 semanas), y es fundamental seguir las indicaciones médicas para asegurar una recuperación adecuada.
Aunque el hueso puede sanar en las 6-12 semanas, el regreso a actividades deportivas o de alta demanda puede requerir más tiempo. Se recomienda realizar una evaluación de seguimiento para asegurarse de que no haya complicaciones como alteraciones en el crecimiento óseo.
Por ello, la vuelta a la normalidad puede tomar entre 3 a 6 meses dependiendo de la severidad de la lesión y el tratamiento.
Es importante destacar que, aunque los huesos de los niños tienen una notable capacidad de regeneración y suelen sanar más rápido que los de los adultos, cada caso es único. Por ello, es esencial seguir las recomendaciones del especialista y asistir a las consultas de seguimiento para monitorear el progreso de la curación y prevenir posibles complicaciones.
Tratamiento para la epifiosilisis
El abordaje de la epifisiolisis debe ser multidisciplinario. Los tratamientos médicos y de fisioterapia se complementan para lograr una recuperación óptima.
Tratamiento Médico
El tratamiento médico de la epifisiolisis varía según la severidad del deslizamiento:
- Reposo y alivio del dolor: en casos leves, se puede recomendar reposo y el uso de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) para controlar el dolor y la inflamación.
- Inmovilización: se puede requerir la inmovilización parcial o total de la articulación afectada mediante la utilización de aparatos ortopédicos.
- Cirugía: en casos moderados a graves, la cirugía es la opción más común. La fijación interna, a través de tornillos o clavos, se utiliza para estabilizar la epífisis y evitar un mayor deslizamiento. En algunos casos, se puede recurrir a procedimientos de realineación o remodelación de la cabeza femoral.
Fisioterapia
Como fisioterapeuta, mi objetivo es facilitar la recuperación funcional del paciente, reduciendo el dolor, restaurando la movilidad y fortaleciendo la musculatura de soporte. El tratamiento fisioterapéutico se divide en varias fases:
- Fase aguda: en esta fase, el objetivo principal es controlar el dolor y la inflamación, así como proteger la articulación.
- Terapia manual suave: técnicas de movilización pasiva y movilizaciones articulares para disminuir la tensión en las zonas afectadas.
- Aplicación de frío: uso de compresas de hielo en sesiones cortas para reducir la inflamación (15-20 minutos, varias veces al día).
- Baños de contraste: para favorecer la regeneración temprana, estimulando la circulación sanguínea.
- Electroterapia: modalidades como la interferencial o TENS pueden ayudar para aliviar el dolor.
Es importante recordar que el uso de máquinas como microonda, onda corta, diatermia, u otros tipos de termoterapia profunda, está contraindicado en el cartílago de crecimiento.
Durante este periodo se deben evitar las actividades de alto impacto, mantener reposo relativo para permitir la recuperación inicial, y podemos utilizar analgésicos y antiinflamatorios, según prescripción médica.
- Fase de recuperación: una vez disminuidos los síntomas agudos, se inicia un programa de rehabilitación para recuperar la movilidad, la fuerza y la estabilidad de la zona afectada.
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- Movilizaciones activas y pasivas: ejercicios de rango de movimiento y movilizaciones pasivas realizadas por el fisioterapeuta para evitar la rigidez.
- Estiramientos suaves y ejercicios isométricos: contracciones isométricas de los músculos relacionados con la zona afectada y estiramientos de las zonas indirectamente afectadas, para mantener el equilibrio muscular.
- Fase de retorno a la actividad: se introducen ejercicios específicos y estiramientos para recuperar la función completa, permitiendo al paciente volver a sus actividades cotidianas y deportivas de forma segura.
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- Fortalecimiento progresivo: ejercicios de carga progresiva y funcionales, además de entrenamiento de propiocepción.
- Estiramientos dinámicos: imitando movimientos específicos del deporte o actividad que el paciente realice y realizar programas de movilidad articular.
- Ejercicios funcionales: incluyendo ejercicios con movimientos que favorezcan las actividades diarias, así como ejercicios específicos de coordinación y agilidad.
- Entrenamiento en fases avanzadas: ejercicios pliométricos de bajoimpacto para aquellos que han superado la fase de rehabilitación inicial y deseen retomar la actividad deportiva. Realizar sesiones supervisadas para corregir patrones compensatorios que puedan generar futuras lesiones.
- Entrenamiento de prevención: para evitar recaídas, con ejercicios específicos orientados a cada actividad deportiva o física en particular.
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