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Evita la inflamación muscular con estos 10 consejos

La inflamación muscular es una respuesta natural del cuerpo ante una lesión o sobrecarga en los músculos. La inflamación es parte del proceso de curación y está mediada por una respuesta inflamatoria que busca reparar los tejidos dañados.

Cuando los músculos sufren una lesión o estrés excesivo, se producen microtraumas en las fibras musculares, lo que activa una respuesta inflamatoria que involucra la liberación de sustancias químicas, como histaminas y citocinas, causando un aumento del flujo sanguíneo, lo cual es importante para aportar nutrientes y oxígeno necesarios para la reparación del tejido muscular dañado. También se produce un aumento de la permeabilidad que puede causar hinchazón y sensación de rigidez.

Aquí te dejamos 10 consejos para evitar la inflamación muscular:

1.   Realiza un buen calentamiento

El calentamiento adecuado antes de cualquier actividad física intensa es fundamental para preparar tu cuerpo y reducir el riesgo de inflamación muscular.

Un calentamiento completo aumenta la temperatura del cuerpo, mejorando la elasticidad muscular, aumentando el flujo sanguíneo y preparando los músculos y las articulaciones para el ejercicio.

Consta de tres partes principales: actividad cardiovascular de baja intensidad, movimientos articulares y estiramiento dinámico.

Comienza tu calentamiento con una actividad cardiovascular de baja intensidad, como caminar a paso ligero, trotar suavemente o pedalear en una bicicleta estática. Esto aumentará gradualmente tu ritmo cardíaco y elevará la temperatura corporal. El objetivo es preparar el sistema cardiovascular para un mayor flujo sanguíneo y suministro de oxígeno a los músculos.

Después de la actividad cardiovascular, dedica tiempo a realizar movimientos articulares para preparar las articulaciones para el movimiento. Realiza movimientos suaves y controlados en todas las articulaciones principales, como círculos con los brazos, giros de cuello, flexión y extensión de rodillas, rotaciones de caderas, etc. Esto ayudará a mejorar la amplitud de movimiento y reducir la rigidez articular.

Finalmente, realiza ejercicios de estiramiento dinámico, que implican movimientos activos y controlados que estiran los músculos mientras te mueves. Estos estiramientos son diferentes de los estiramientos estáticos que se realizan después del ejercicio.

Es importante destacar que el calentamiento debe ser específico para la actividad que realizarás. Si vas a hacer ejercicio de piernas, enfócate en realizar movimientos articulares y estiramientos dinámicos que involucren los músculos de las piernas y las caderas. Si vas a levantar pesas, dedica más tiempo a estirar los músculos que se trabajarán durante el levantamiento.

El calentamiento debe tener una duración entre 10 y 15 minutos. Asegúrate de hacerlo antes de cada sesión de entrenamiento para prevenir la inflamación muscular y reducir el riesgo de lesiones. Recuerda que el calentamiento es una parte esencial de tu rutina de ejercicios y no debe omitirse ni apresurarse.

2.   Sigue una progresión adecuada de entrenamiento

Incorporar una progresión adecuada en tu entrenamiento es fundamental para permitir que tus músculos se adapten de manera segura y eficiente a la carga de trabajo, evitando así la inflamación muscular y las lesiones. La progresión se refiere a aumentar gradualmente la intensidad, la duración o la carga de tus ejercicios a lo largo del tiempo.

La progresión adecuada se puede conseguir a través de establecer metas realistas y alcanzables y aumentando gradualmente la intensidad. Por ejemplo, si estás comenzando un programa para correr, puedes comenzar con intervalos de carrera y caminata, y luego aumentar gradualmente el tiempo de carrera y reducir el tiempo de caminata. Esto permitirá que tus músculos se fortalezcan y se adapten progresivamente a la carga.

Si estás realizando ejercicios de fuerza con pesas, es importante aumentar la carga de manera controlada. No intentes levantar pesos demasiado pesados de inmediato, ya que esto puede provocar una tensión excesiva en los músculos y las articulaciones. En su lugar, aumenta la carga de manera gradual a medida que tu fuerza y resistencia mejoren.

Otra forma de aplicar la progresión adecuada es variar los parámetros del entrenamiento. Puedes aumentar el número de repeticiones, las series o el tiempo de entrenamiento de manera gradual. Por ejemplo, si estás realizando ejercicios de resistencia, puedes aumentar el número de repeticiones en cada serie o aumentar el número de series a medida que te vuelvas más fuerte.

3.   Incorpora ejercicios de estabilización

Incorporar ejercicios de estabilización y equilibrio en tu rutina de entrenamiento es esencial para prevenir la inflamación muscular y mejorar tu rendimiento general. Estos ejercicios se centran en fortalecer los músculos estabilizadores, mejorar la coordinación y el control del movimiento, y corregir los desequilibrios musculares.

Los músculos estabilizadores son aquellos que ayudan a mantener la estabilidad y el equilibrio de las articulaciones mientras realizas movimientos. Al fortalecer estos músculos, podrás mantener una postura adecuada y evitar tensiones y desequilibrios musculares que pueden llevar a la inflamación.

Algunos ejercicios que puedes incluir en tu rutina de estabilización y equilibrio son:

  • Planchas: Las planchas son excelentes para fortalecer los músculos estabilizadores del core y la parte superior del cuerpo. Puedes hacer planchas frontales, laterales o con apoyo de los antebrazos para trabajar diferentes áreas.
  • Sentadillas sobre una sola pierna: Las sentadillas unilaterales o sobre una sola pierna son ideales para trabajar el equilibrio y fortalecer los músculos de las piernas y las caderas. A medida que te sientas más cómodo, puedes añadir peso para aumentar el desafío.
  • Ejercicios de equilibrio sobre una pierna: Puedes realizar movimientos como el equilibrio en una pierna, levantar la pierna hacia el frente, hacia atrás o hacia los lados, mientras mantienes la estabilidad. Estos ejercicios fortalecen los músculos del tobillo, la rodilla y la cadera, mejorando tu estabilidad general.
  • Entrenamiento con bosu: El bosu es un dispositivo de entrenamiento versátil que puedes utilizar para desafiar el equilibrio.

4.   Dedica tiempo a realizar estiramientos tras el entreno

Realizar estiramientos adecuados después del ejercicio es crucial para ayudar a prevenir la inflamación muscular y promover una adecuada recuperación. Los estiramientos posteriores al ejercicio tienen varios beneficios, como relajar los músculos, mejorar la flexibilidad, reducir la rigidez y aliviar la tensión acumulada durante la actividad física.

Los estiramientos estáticos implican elongar un músculo específico y mantener esa posición durante 15-30 segundos sin rebotes. Después del ejercicio, el objetivo es dirigirte a los grupos musculares que se han trabajado intensamente. Realiza estiramientos estáticos suaves y controlados para cada uno de estos grupos musculares. Mantén una respiración lenta y profunda mientras sostienes cada estiramiento, permitiendo que los músculos se relajen y se elonguen gradualmente.

Además de los estiramientos estáticos, puedes utilizar técnicas de relajación. Esto puede incluir el uso de una pelota de tenis o un rodillo de espuma/foam roller para masajear y aplicar presión en áreas específicas de tensión muscular.

5.   Mantén una buena postura durante la realización de ejercicio 

Mantener una buena postura y técnica durante tus ejercicios es fundamental, realizarlos con una mala postura o una técnica incorrecta puede ejercer una tensión desigual en los músculos, lo que aumenta el riesgo de lesiones. Asegúrate de entender y seguir las instrucciones adecuadas para cada ejercicio.

Es importante no sobrecargar los músculos. Si sientes que estás forzando demasiado un músculo en particular, reduce la intensidad o el peso utilizado. Aumentar gradualmente la carga de trabajo te permitirá fortalecer los músculos de manera segura y evitar la inflamación.

Si tienes dudas sobre la postura o técnica adecuada para un ejercicio en particular, considera trabajar con un entrenador personal o instructor cualificado. Ellos pueden enseñarte la forma correcta de ejecutar los ejercicios y proporcionarte correcciones específicas.

Recuerda que cada persona es diferente, por lo que es importante escuchar a tu cuerpo y adaptar los ejercicios según tus propias capacidades y limitaciones. Si experimentas dolor o molestias persistentes durante el ejercicio, es recomendable consultar con un profesional de la salud o un fisioterapeuta.

6.   Fase de enfriamiento después del ejercicio

Después de completar tu sesión de entrenamiento, es importante realizar un enfriamiento adecuado.

Puedes optar por realizar una actividad de menor intensidad, como caminar o trotar suavemente, al finalizar tu sesión de entrenamiento.

Esto ayuda a disminuir gradualmente la frecuencia cardíaca y la temperatura corporal, permitiendo una transición más suave para tus músculos.

Durante el enfriamiento, practica respiraciones profundas para ayudar a reducir la tensión muscular y promover la recuperación.

7.   Aplica hielo

La aplicación de hielo, también conocida como crioterapia, es beneficiosa para reducir la inflamación muscular. Después del ejercicio intenso, puedes aplicar hielo en las áreas afectadas durante 15-20 minutos para reducir la inflamación y aliviar el dolor.

Envuelve el hielo en una toalla, nunca lo apliques directamente sobre la piel, o utiliza compresas frías y aplícalo sobre las áreas musculares inflamadas durante el tiempo estipulado. Lo más ideal es aplicarlo dentro de las primeras 24 horas después del ejercicio, cuando es más probable que se produzca la inflamación muscular.

Sigue el protocolo RICE (descanso, hielo, compresión y elevación) para ayudar en la recuperación y recuerda que la aplicación de hielo no debe ser excesiva ni prolongada.

8.   Suplementos antiinflamatorios naturales

Algunos suplementos tienen propiedades antiinflamatorias y ayudar a reducir la inflamación muscular. Es importante tener en cuenta que los suplementos deben ser utilizados con precaución y bajo la supervisión de un profesional de la salud.

La curcumina es un compuesto activo presente en la cúrcuma, conocida por sus propiedades antiinflamatorias. Se ha demostrado que puede ayudar a reducir la inflamación muscular y aliviar el dolor.

Los ácidos grasos omega-3, presentes en pescados grasos como el salmón y las sardinas, así como en las semillas de chía y las nueces, tienen propiedades antiinflamatorias.

9.   Haz descansos entre ejercicios

Los descansos adecuados entre ejercicios son esenciales para prevenir la inflamación muscular y promover una buena recuperación.

Presta atención a las señales que te envía tu cuerpo, si sientes fatiga o dolor muscular durante una sesión de ejercicio, tómate un descanso antes de continuar.

Incluye días de descanso en tu rutina de entrenamiento permitiendo que tus músculos se reparen y fortalezcan. El descanso adecuado también ayuda a prevenir lesiones y la inflamación crónica.

Además, el sueño de calidad es esencial para la recuperación muscular, por lo que es importante tener un horario de sueño regular y dormir las horas necesarias para permitir que tu cuerpo se recupere adecuadamente.

10. Mantén una hidratación y alimentación adecuada

Mantenerse hidratado es crucial para una recuperación óptima. Durante el ejercicio, se pierde líquido a través del sudor, lo que puede llevar a deshidratación. Bebe suficiente agua antes, durante y después del ejercicio para reponer los líquidos perdidos y ayudar a eliminar los desechos metabólicos del cuerpo.

Por igual, una nutrición adecuada es esencial para apoyar la recuperación muscular. Después del ejercicio, consume una comida o merienda equilibrada que contenga proteínas de calidad para ayudar a reparar y reconstruir los tejidos musculares. También es importante consumir carbohidratos para reponer los depósitos de energía y antioxidantes para reducir la inflamación. Incluye alimentos ricos en nutrientes como frutas, verduras, proteínas magras y grasas saludables en tu dieta diaria.

Cuando la inflamación se vuelve crónica o excesiva, puede prolongar la recuperación y causar molestias persistentes. Es en este punto donde los fisioterapeutas intervenimos, utilizando técnicas y terapias que ayudan a controlar la inflamación, aliviar el dolor y promover la recuperación adecuada de los tejidos musculares afectados evaluando la causa subyacente de la inflamación muscular crónica.

Para abordar la inflamación muscular crónica utilizamos terapia manual, ejercicios específicos, terapia de estiramiento, electroterapia y otras técnicas cuyo objetivo es reducir la inflamación, promover la curación y aliviar el dolor asociado.

En algunos casos, la inflamación muscular crónica puede deberse a desequilibrios musculares o debilidad en ciertas áreas del cuerpo, mediante el desarrollo de un programa de rehabilitación y fortalecimiento personalizado para mejorar la función muscular y corregir las compensaciones, contribuimos a la disminución de la inflamación.

Además, te orientamos sobre cómo manejar y prevenir la inflamación muscular crónica en el futuro, incluyendo consejos sobre técnicas de calentamiento y enfriamiento, modificaciones de la actividad física, ergonomía y hábitos de vida saludables que contribuyan a la prevención de futuras lesiones.

En resumen, un fisioterapeuta puede ayudarte a identificar la causa de la inflamación muscular crónica, proporcionar tratamientos especializados, manejar el dolor, promover la recuperación y brindar orientación para prevenir futuras complicaciones.

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Etiquetas: Inflamación muscular

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