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Tendinopatía bicipital: causas y tratamiento

Hablamos sobre la tendinopatía bicipital, pero antes pensamos que es necesario abordar qué es el término tendinopatía. Como su nombre indica, se trata de una enfermedad (patía) del tendón (tendino).

El tendón es una estructura que conecta el músculo al hueso, transmitiendo la fuerza que realiza el músculo al hueso y de esta forma provocar el movimiento de una articulación.

¿Qué es una tendinitis? 

Este es un término más concreto y hace referencia a la inflamación (-itis) de un tendón.

¿Qué es una tendinopatía bicipital? 

Se trata de una lesión localizada en el hombro, más concretamente en la cabeza del húmero. Consiste en la inflamación del tendón de la porción larga del músculo bíceps braquial, situado en la parte anterior del brazo.

Normalmente se asocia con otras patologías de hombro, relacionadas con el manguito rotador. Este está constituido por diferentes músculos y tendones que engloban la cabeza del húmero, proporcionándole movilidad y estabilidad.

Podemos dividir las tendinopatías en 3 diferentes fases:

  • La primera de ellas es la fase comúnmente llamada reactiva, suele aparecer tras un incremento de la actividad de manera brusca o por un traumatismo directo, este último podría ser una caída que comprima de manera excesiva el tendón.
  • Encontramos una segunda fase, esta de recuperación inadecuada o fallida, similar a la anterior, pero en este caso los cambios que se producen tanto a nivel local como a nivel general son mayores, esto suele ocurrir en el momento en el que se continúa con la actividad laboral o deportiva que desencadenó inicialmente el dolor y no se deja reposo suficiente o no se interviene con un tratamiento basado en la tendinopatía de disminución de las cargas y nueva adecuación del tendón.
  • Por último, pero no menos importante, encontraremos la fase degenerativa, fase en la que el tendón ya se encuentra degenerado, desgastado, muy irritado. En este momento la capacidad que tiene el tendón para revertir su situación por su cuenta ha disminuido considerablemente llegando a ser casi mínima. Es por ello que, si estás leyendo esto, no dudes en llamar y realizar tu consulta, nosotros llevaremos un tratamiento constate y totalmente individualizado.

Un poco de anatomía:

En la parte antero-superior del hombro, concurren los tendones del músculo bíceps braquial, encargado de flexionar el codo, realizar la supinación del antebrazo (colocar la palma de la mano hacia arriba), y ayudar en la estabilización de la articulación del hombro.

  • Porción corta o interna del bíceps: se origina en la apófisis coracoides.
  • Porción larga o externa del bíceps: se origina en la tuberosidad supraglenoidea de la escápula

Causas y factores de riesgo 

Una de las principales causas de la tendinopatía bicipital o tendinitis del bíceps es el sobreuso, es decir, el uso repetitivo de dicha acción muscular, ya sea por el trabajo o por el deporte que se practique. En el caso que estamos abordando, los pacientes que practican deportes como el pádel, tenis, Crossfit, el voleibol o la natación, suelen ser los más habituales que llegan a nuestras consultas…

El paso de los años y la actividad a la que sometemos dicha estructura, va a determinar el estado del tendón, pudiendo sufrir y debilitarse, incluso en casos más extremos terminar en rotura.

Por otro lado, esta lesión puede producirse por un traumatismo directo como puede ser un golpe sobre la zona del brazo o una caída sobre este mismo o como una secuela de durante la recuperación del traumatismo que haga que no se recupere en su totalidad.

La tendinitis bicipital es más frecuente en varones mayores de 30 años. Además, el tabaquismo y el uso de hormonas esteroideas o corticoides también son factores de riesgo.

Síntomas de la tendinopatía bicipital

Los pacientes que sufren esta lesión presentan dolor en la zona anterior del hombro, concretamente en la corredera bicipital, pudiendo irradiarse a lo largo del brazo. La actividad o puesta en tensión de esta estructura puede empeorar los síntomas.

En el caso de que el paciente presente una rotura de este tendón, el chasquido característico suele ser audible,  la intensidad de dolor es alta a nivel proximal del brazo y se produce una equimosis (sangrado interno), generalmente en toda la región anterior del brazo. Esto provoca, además de dolor, debilidad y gran dificultad en movimientos como la flexión de hombro o la supinación (rotación del antebrazo). Además, en estas roturas es muy llamativo el “signo de Popeye”, como podemos ver en la imagen a continuación:

Tratamiento óptimo

Si se conoce ya el diagnóstico, lo primero que se debe hacer es acudir a tiempo a un fisioterapeuta. Esto es crucial para evitar males mayores, como el aumento de los síntomas y la duración de esta lesión, que repercute directamente tanto a nivel laboral, como en lo cotidiano.

El tratamiento para esta lesión estará basado principalmente en periodos de reposo en los que intentaremos que el dolor y la inflamación no continúe su rumbo, si no que vayan decreciendo junto con la ayuda de los diferentes métodos correctamente aplicados por el fisioterapeuta. La aplicación de frio estará indicada en los primeros momentos en los que aparezca la lesión, momentos agudos, donde exista una inflamación, y así poder controlar esa posible inflamación excesiva, que va a provocar dolor y una reducción en la movilidad.

Estiramientos, más que necesarios

Por otro lado, podremos realizar estiramientos controlados de la propia zona, para que aquellas estructuras que se ven involucradas en este proceso, consigan relajarse y disminuir la tensión que se está produciendo en las estructuras. A continuación, se podrán realizar ejercicios de forma progresiva y adaptada, también bajo supervisión del profesional, realizando correcciones técnicas y poco a poco ir modificando las diferentes variables de los ejercicios: intensidad, carga, repeticiones, descansos….

Durante el tratamiento conservador las técnicas que el fisioterapeuta podría emplear para buscar producir la analgesia (disminución del dolor) serán principalmente; masaje sobre la zona afectada y las zonas que la rodean, diatermia, etc. Otras posibles opciones de tratamiento que podrían aplicarse son las técnicas invasivas, como puede ser la punción seca o la electrolisis percutánea entre otras, siempre que el fisioterapeuta lo considere oportuno.

También será fundamental la práctica de ejercicios como hemos mencionado anteriormente, sobre todo aquellos de control postural, estos generan una información nueva y correcta que enviarán al cerebro señales para identificar cual es el correcto posicionamiento del cuerpo y no el que había adquirido a raíz de la lesión, debido al dolor. Finalmente, ejercicios tanto del propio bíceps como de la articulación del hombro y del codo intentando así reforzar de manera interna ambas articulaciones y que las cargas a las que está sometida el bíceps se conviertan en un proceso normal rutinario y no genere ningún tipo de dolor a la hora de realizar la actividad laboral o deportiva que anteriormente generaba dolor.

El tiempo de recuperación aproximado realizando un tratamiento individualizado con el profesional podrá ser de unas 5 a 12 semanas. Si de lo contrario, la decisión del paciente es permanecer en reposo, el tiempo de recuperación podrá alargarse y cronificarse.

Si tras el tratamiento no se cumplieran los objetivos y el dolor permanece, otra opción sería la infiltración realizada por el traumatólogo. Esto consiste en una infiltración de corticoides en la zona en la que haya dolor intentando generar un periodo de anestesia de duración desconocida. De este modo no se recomienda realizar más de 3 infiltraciones de una misma zona por los efectos negativos que este podría provocar.

Finalmente, la última opción, siendo el menos frecuente de los tres presentados, encontramos la intervención quirúrgica, suele darse cuando la lesión lleva un periodo largo, aproximadamente unos 12 meses, podrá ser tanto abierta como artroscópica en la que también se corregirán los problemas que pueda haber ocasionado sobre la articulación del hombro.

Prevención

De forma general, las medidas que podrían prevenir posibles lesiones de este tipo serían:

  • Un calentamiento adecuado previo a la actividad. Este debe ser lento y progresivo, atendiendo a la velocidad, carga y en general, al estrés a la que sometemos a dicha articulación. Además, el calentamiento debe ser general, permitiéndonos partir con una temperatura corporal idónea; y específico, calentando y atendiendo más a los movimientos concretos del deporte que vayamos a practicar, esto va a provocar que exista una mejor conexión neural, le mandamos al cerebro la información sobre los movimientos que vamos a realizar y estos van a responder más rápido.
  • Otro aspecto a tener en cuenta, que podríamos asociarlo al calentamiento, es la movilidad articular. No nos referimos tanto al estiramiento, ya que se ha demostrado como un estiramiento pasivo mantenido puede reducir la capacidad de aplicar fuerza. Un corto estiramiento, o mejor aún, un estiramiento dinámico con un recorrido completo y amplio en todas las direcciones, nos va a permitir partir de una posición de mayor elongación y más óptima para la aplicación de fuerza.
  • La combinación del entrenamiento de fuerza. Se ha demostrado como, realizar entrenamiento de fuerza, con su debida técnica y sobrecarga progresiva, mejora la composición corporal (estado o forma física) y por tanto la salud y el rendimiento tanto deportivo como cotidiano.
  • Un buen descanso de al menos 7-8 horas y una correcta alimentación, con una adecuada hidratación, ajustando las calorías diarias al objetivo individual y combinando en cada comida los diferentes macros y micronutrientes.

Aquí os dejamos un video sobre diferentes ejercicios para la tendinitis de hombro y otro video de como la tendinitis puede mejorar con las ondas de choque.

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