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¿Cómo andar con una rotura fibrilar? Te lo contamos

Antes de contestar a la respuesta sobre cómo andar con una rotura fibrilar, nos parece importante que nos pongamos un poco en contexto con conceptos básicos como son la mialgia o el dolor muscular, cómo funciona el dolor muscular y las características de una rotura fibrilar.

¿Qué es la mialgia?

La mialgia, es una afección en la que se experimenta dolor muscular y que cualquier persona indiferentemente de la edad va a sufrir a lo largo de su vida. Aunque puede padecerse en toda la musculatura del cuerpo, tiene preferencia sobre cuello, brazos, piernas y espalda.

Ese dolor muscular del que hablamos, puede ser agudo, ya sea por una mala postura durmiendo o en el trabajo, una rotura fibrilar, sobrecarga haciendo ejercicio o por un simple golpe y que desaparezca en cuestión de días o semanas. Pero también, puede ser crónico, es decir que perdure en el tiempo un mínimo de seis meses y esté causado por procesos más complejos como puede ser una enfermedad autoinmune.

¿Cómo funciona el dolor muscular?

Para entender un proceso patológico como es una lesión muscular, debemos entender también como funciona el mecanismo del dolor.

El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con daño tisular real o potencial. El mecanismo del dolor comienza con la estimulación de los receptores del dolor, también conocidos como nociceptores, que se encuentran en diferentes partes del cuerpo, incluyendo la piel, los músculos, los huesos y los órganos internos.

Cuando los nociceptores son activados por un estímulo doloroso, como un corte, una quemadura o una lesión interna, transmiten una señal eléctrica a través de las fibras nerviosas hasta la médula espinal y el cerebro.

En la médula espinal, la señal eléctrica se procesa y se transmite a través de las vías nerviosas ascendentes hacia diferentes áreas del cerebro, que están involucradas en la percepción, la interpretación y la respuesta al dolor.

La percepción del dolor es una experiencia subjetiva que puede variar de persona a persona y depende de varios factores, como la intensidad del estímulo, la duración del estímulo, el estado emocional y la atención dirigida al dolor.

En resumen, el mecanismo del dolor implica la estimulación de los receptores del dolor, la transmisión de la señal a través de las fibras nerviosas, el procesamiento de la señal en la médula espinal y el cerebro, y la percepción y respuesta al dolor en diferentes áreas del cerebro.

¿Qué puede producir dolor muscular?

El dolor muscular puede ser causado por una gran variedad de factores. Algunos de ellos pueden ser la sobrecarga muscular, derivada de un uso excesivo de los músculos. Ya sea por un día intenso en el gimnasio, por un partido, del deporte que sea, en el que lo hemos dado todo…

La fatiga muscular por posiciones mantenidas como por ejemplo en el trabajo, en el colegio o en la universidad favorecen la aparición de dolor muscular.

Un proceso traumático como puede ser una lesión, tanto si es a nivel óseo como a nivel muscular, van a producir dolor, en la musculatura adyacente en el caso óseo y en la estructura lesionada en el caso muscular.  Una lesión muscular puede presentarse de muchas maneras, un pinchazo, un tirón, un desgarro, una elongación, una microrrotura, una rotura fibrilar… Más adelante hablaremos en profundidad sobre esta última debido a su severidad.

Por último, un estilo de vida sedentario y la falta de activad física van a producir tanto debilidad muscular como dolor muscular. Por lo que recuerda mantenerte activo y realizar como mínimo 30 minutos de ejercicio moderado durante al menos 5 días a la semana. ¡Tu cuerpo te lo agradecerá!

Rotura muscular o fibrilar

Como hemos comentado antes, dentro de las lesiones musculares, las roturas fibrilares son las más severas e incapacitantes. Suelen producirse durante la practica deportiva intensa y una manera de identificarlas es con el conocido signo de la pedrada. En el que, literalmente, se siente como si te hubieran dado un piedrazo en la zona. A diferencia de los tirones y las elongaciones, en una rotura fibrilar/muscular se produce un sangrado debido a una herida internar. Ese sangrado nos va a confirmar la existencia de la rotura, pero no la localización, porque por el efecto de la gravedad, la sangre se mueve, cae y se va a coagular formando un hematoma unos centímetros debajo de la herida, normalmente. Y, a través de métodos como la palpación y sobretodo, con el uso del ecógrafo podemos detectar con exactitud la localización, además de la magnitud de la rotura.

Las características de una rotura muscular pueden variar en gravedad y síntomas dependiendo del grado del desgarro:

  1. Dolor agudo: Suele ser el síntoma más evidente. El paciente siente un dolor repentino en el área afectada, que puede variar desde leve a intenso.
  2. Hinchazón y hematomas: Puede aparecer hinchazón alrededor del área afectada, acompañada a menudo de hematomas debido al sangrado interno por la rotura de los vasos sanguíneos. Estos como hemos comentado anteriormente aparecen en una zona diferente donde se ha producido la herida.
  3. Debilidad muscular: La capacidad de mover el músculo puede disminuir significativamente. En casos severos, puede incluso ser difícil o imposible mover la parte del cuerpo afectada.
  4. Restricción de movimiento: El área lesionada puede experimentar limitaciones en el rango de movimiento, debido al dolor y la debilidad muscular.
  5. Sensibilidad al tacto: La zona lesionada puede ser sensible al tacto o a la presión, lo que aumenta la sensación de dolor.

Las lesiones musculares se clasifican según el mecanismo lesional, este puede ser directo (una contusión, un politraumatismo) o indirecto (por elongación), las roturas fibrilares pertenecen a este ultimo grupo y a su vez están diferencias según el grado de lesión.

Las lesiones por elongación son el resultado de una fuerza intrínseca generada por una contracción repentina del músculo. Se van a clasificar según su apariencia en las pruebas de imagen (ecografía o RMN)

Distensión muscular o grado I  Ocurre cuando el músculo es elongado hasta su limite máximo. El paciente refiere dolor severo sin determinar un punto preciso de mayor sensibilidad, clínicamente es indistinguible de un calambre muscular. Anatómicamente estas lesiones son microscópicas.

Desgarro parcial o grado II  Es una lesión más extensa en la que el músculo elongado va más allá del limite máximo de su elasticidad y compromete más del 5% del espesor. En el momento de la lesión el paciente refiere un chasquido acompañado de la aparición súbita de dolor focal. Cuando el músculo es superficial puede desarrollarse hematoma. En la ecografía se aprecia una zona de discontinuidad ocupada por un hematoma.

 

Desgarro completo o grado III  Compromete el vientre completo del músculo, con una separación completa de las fibras por retracción de estás e interposición de hematoma. La presencia de este es más común que en la rotura parcial y puede existir un defecto palpable en el examen físico.

A continuación, os dejamos un vídeo donde podemos ver como es el proceso de diagnostico a través de la ecografía con un caso real.

Con este tipo de lesiones hay que tener especial cuidado porque el dolor agudo suele desaparecer al 3º o 4º día, no percibimos dolor y creemos que ya estamos bien, pero la estructura sigue lesionada. Una regeneración completa del tejido tarda de 21 a 28 días. Aunque esto no quiere decir que la lesión esté curada, ya que esta regeneración dará como resultado un músculo de menor volumen y con importante pérdida de funcionalidad ya que la cicatriz no es elástica y predispone a nuevas lesiones.

Como vemos en la imagen superior al producirse una herida, tiene que llevarse a cabo un proceso de cicatrización. A partir de este momento podemos comenzar con la rehabilitación para evitar que se cree lo que conocemos como fibrosis. Que hace referencia a un desarrollo excesivo del tejido tras un proceso de reparación. ¿Cómo podemos evitar esto? Ayudando mediante movilizaciones de la articulación en la que actúe esa musculatura, es decir, si tengo una rotura en los isquiotibiales, la flexo-extensión de rodilla va a facilitar la reorientación de las fibras evitando así, que se creen rigideces tras el proceso de cicatrización.

Para terminar este post contestaremos a la pregunta con la que lo hemos empezado. Ejercicio aeróbico moderado como puede ser caminar o la bici estática son favorables y están indicados después de la fase de reposo en estas patologías. Como ya sabemos, el ejercicio aeróbico moderado, estimula el riego sanguíneo y por la tanto la oxigenación del tejido, lo que favorecerá la reparación del tejido y la orientación y reorganización de fibras.

Bibliografía

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Etiquetas: ciática, dolor, dolor muscular, ejercicio, lesiones de espalda. Ejercicios y estiramientos, nervio ciático

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