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Artrosis de hombro

La artrosis es un tipo de enfermedad reumática que se engloba dentro de las artritis. Es una enfermedad muy común en la sociedad y suele aparecer en torno a los 60 años. Esta enfermedad suele afectar a los tejidos blandos, aunque especialmente a los cartílagos. De hecho, es una patología que se relaciona con el deterioro de las articulaciones. Es decir, que con el paso de los años los cartílagos se van desgastando, eso supone que los huesos choquen entre sí y se produzca un roce óseo. Una vez pasa eso, es cuando aparece el dolor y el resto de sintomatología referente a esta patología. Las zonas más habituales donde se manifiesta esta enfermedad son las manos, cadera y rodilla. 

La artrosis más común

Esta patología tiene una incidencia grande dentro de la sociedad, aquí en España 1 de cada 3 personas mayores de 35 años tiene principio de artrosis, la cual aumenta con la edad. La aparición de artrosis en cualquier parte del cuerpo dentro de la población española es del 24%. La más común es en manos y rodillas donde la mujer tiene una mayor prevalencia respecto al hombre mientras que en el hombro o cadera apenas existe diferencia entre ambos sexos. La diferencia entre el hombre y la mujer en cuanto al desarrollo de la artrosis es mayor cuanta más edad se tenga, es decir que la diferencia entre personas de 60 años es mucho mayor que a los 40.

Antes de nada, debemos saber que el hombro es una articulación bastante compleja. Ya que se compone de 5 articulaciones. En ellas intervienen 4 huesos (esternón, clavícula, húmero y escápula). Las 5 articulaciones son: escapulohumeral, subdeltoidea, acromioclavicular, esternocostoclavicular y escapulo-torácica.

A pesar de las 5 articulaciones, el hombro necesita un buen tono muscular para evitar luxaciones y que esta sea congruente. Ya que el húmero es mucho más grande que la cavidad glenoidea, es por ello, por lo que ese refuerzo muscular y ligamentoso se encuentra esencial en la estabilización del hombro. Esta articulación realiza 6 movimientos; flexión, extensión, abducción, aducción, rotación interna y externa, lo que la convierte en la articulación más móvil del cuerpo y esta a su vez en la que más riesgo de lesión tiene. Además de todo ello, existe un rodete glenoideo o labrum que también tiene una función estabilizadora y hace que la cavidad glenoidea sea un poco más grande.

Lesiones más comunes

Como vemos, esta articulación es bastante compleja y móvil. Esta articulación puede sufrir multitud de lesiones como:

  • Bursitis: en el hombro al igual que en el resto de las articulaciones hay bolsas sinoviales, que amortiguan y facilitan los movimientos, cuando hay un roce o sobreuso de esa articulación se puede producir una inflamación y de ahí el dolor.
  • Tendinitis: se produce por desgaste o irritación del tendón del musculo.
  • Compresión: aparece cuando existe una presión ósea sobre los tejidos blandos o incluso a veces entre dos huesos, por lo que el principal síntoma suele ser la limitación funcional.
  • Fracturas: Producto de traumatismos.
  • Inestabilidad: Son las conocidas luxaciones y son producto de esa falta de un buen refuerzo musculo-ligamentoso, lo que produce que la cabeza del humero se mueva más de lo normal llegando a salir de la cavidad glenoidea.
  • Desgarros: pueden ser musculares o tendinosos, suelen deberse como producto de un movimiento muy brusco o un fuerte traumatismo, aunque también puede aparecer a un desgaste grande del tendón.
  • Osteoatritis: se debe al uso y desgaste generalmente debido a la edad y que evoluciona con el paso del tiempo.

La artrosis aparece principalmente cuando el cartílago articular está dañado, ha dejado de existir o cuando el tejido sinovial sufre alguna alteración. Pero el resultado final siempre es el mismo, que es el desgaste que se produce en la articulación. La artrosis puede aparecer por diferentes causas:

  • Factores mecánicos: Debido a las fuerzas que soportan las articulaciones sobre todo aquellas que están sometidas a presiones mantenidas o movimientos repetitivos, produciendo un deterioro en el rodete.

  • Afectación del tejido sinovial: Este tejido se inflama e incide directamente sobre el cartílago haciendo posible una cronificación de la lesión o favoreciendo el desgaste de dicho cartílago.
  • Alteración enzimática.

Una vez sabemos qué es la artrosis y de qué se compone la articulación del hombro, vamos a profundizar sobre la materia. Lo primero que debemos saber es que la artrosis puede ser primaria o secundaria. La primaria es aquella en la cual no se establece ningún factor como causa a la aparición de esta, por lo tanto, se achaca a ese desgaste generado por la edad y el paso del tiempo. Mientras que la secundaria deriva de una lesión previa en dicha región.

La primaria se relaciona con personas de 60 años en adelante y la secundaria es más común en gente joven. Las causas de la secundaria son:

  • Infecciones.
  • Intervenciones quirúrgicas, material de osteosíntesis.
  • Fracturas, fisuras, traumatismos fuertes, inestabilidad de la articulación.
  • Necrosis derivada de malos hábitos o enfermedades.
  • Congénita.

Factores de riesgo

Esta patología como ya hemos descrito es bastante común en la población, pero aun así hay una serie de características que nos pueden hacer ser más propensos a desarrollarla. Por esta razón, a continuación, os vamos a mostrar los factores de riesgo que existen con relación a esta patología.

  • Obesidad: Se relaciona especialmente con la artrosis de rodilla, aunque es aplicable a todas las demás regiones del cuerpo. Al haber un exceso de peso esto produce una limitación de movimiento y que el cuerpo tenga que soportar mucha carga, lo que produce un fuerte impacto en el cartílago de manera continuada, haciendo posible su rotura o exacerbar el deterioro de este. Además de provocar un mal deslizamiento de las articulaciones.

  • Sexo: Como ya mencionamos anteriormente, es más prevalente en mujeres.
  • Edad: A partir de los 50 años es cuando suele aparecer sin un motivo aparente, salvo el del desgaste.
  • Genética.
  • Ocupación/trabajo: Aquellos donde la destreza manual es muy importante para realizar el trabajo, estos individuos suelen presentar habitualmente esta patología debido al sobreuso de la articulación. También es aplicable al resto de articulaciones, pero es muy reseñable en el miembro superior sobre todo en manos y hombro.
  • Nutrición: Una mala alimentación o falta de ciertas vitaminas puede contribuir a la aparición de artrosis.
  • Densidad ósea: Está demostrado que a mayor densidad más riesgo de sufrir esta enfermedad.

Síntomas

En cuanto a la sintomatología de esta patología destaca:

  • Dolor: suele ir aumentando en relación con el desarrollo de la patología. Va de menos a más y suele reducirse con el reposo. También puede aparecer por la noche.

  • Limitación funcional: es un rasgo muy característico de la patología, ya que puede llegar incluso en estadios avanzados a producir incapacidad / limitar las actividades de la vida cotidiana.
  • Deformación: en casos avanzados puede generar alteraciones estructurales llegando a producir pequeños o grandes cambios en la articulación. Estas deformaciones son más comunes en manos y pies ya que son articulaciones pequeñas.
  • Atrofia muscular: debido al dolor y a la limitación funcional, puede provocar que las estructuras de alrededor pierdan tono muscular, ya que su actividad es menor como consecuencia de la artrosis en dicha región.
  • Rigidez articular: suele ser matutina y suele durar entre 10-30 minutos. Aparece después de un largo tiempo de inactividad, de ahí que después de las horas de descanso este síntoma se exacerbe. Por ello se dice que esta rigidez desaparece cuando “engrasamos” /calentamos la articulación.

Pruebas médicas

Cuando tenemos esta sintomatología acudimos al médico y este suele derivarnos a hacernos pruebas radiológicas para conocer el alcance de la lesión. Por ello, suelen pedir ciertas pruebas.

  • Rx: suele ser la primera prueba que nos manda el médico, donde vemos de manera global el posible desgaste y erosión del hueso.
  • Tc: prueba precisa y que detalla bien cuál es el grado de afectación de la artrosis.
  • Resonancia: solo para ver partes blandas, por si el tejido periarticular está afectado.
  • Ecografía: se realiza si se sospecha de patologías asociadas.
  • Analítica: se analiza el líquido articular y se emplea para descartar procesos reumáticos.

Por norma general, el doctor suele prescribir las 2 primeras y omite las demás opciones salvo que con algún paciente lo necesite.

Tratamiento

Lo primero que debemos saber es que no es una enfermedad reversible, una vez aparece ya convive con nosotros. Por eso, es importante dejar claro que el fisioterapeuta o el medico no curan la artrosis, si no que la palian y fomentan que no vaya a más y en el caso de que siga evolucionando la patología, que esta, avance lo más lento posible. Por tanto, la fisioterapia tiene 2 objetivos de cara a esta patología: reducir la sintomatología e intentar que evolucione de la manera más lenta posible. Para el tratamiento emplearemos diferentes técnicas.

  • Diatermia: obtenemos un efecto antiinflamatorio y analgésico. Emplearemos la técnica capacitiva, la cual introduce calor en los tejidos blandos afectados, en especial el cartílago. Con ello intentamos reducir el dolor e hidratarlo. En el caso de afectación ósea podremos usar la técnica resistiva.

  • Terapia manual: la empleamos con el fin de reducir cualquier afectación en el tono muscular, reducir el dolor y mejorar la movilidad.
  • Reeducación postural: podemos hacer RPG para fomentar el estiramiento y mejora de los tejidos, al igual que podemos enseñar qué posturas debe realizar y cuales evitar para controlar de forma activa la patología dentro de sus actividades diarias.
  • Electroterapia: Emplearemos onda corta, microonda para reducir la inflamación y mejorar el tejido afectado, además podemos emplear infrarrojo, parafina o TENS para reducir el dolor.
  • Reposo: es importante tener descansos a lo largo del día, ya que es cuando el dolor desaparece, aunque no por ello debemos olvidar la actividad física.
  • Ejercicios: son una parte esencial del tratamiento, es fundamental tener una articulación fuerte y móvil, por ello debemos trabajar la movilidad y la musculatura tanto en la sesión (terapia manual) como en casa y esta parte es la más importante. Un buen fortalecimiento alivia y mejora sustancialmente la lesión. Se empieza por ejercicios isométricos y a medida que va cogiendo fuerza y tono se aumenta un poco la dificultad. Los ejercicios serán supervisados por el fisioterapeuta, nos debemos mover en una escala de dolor del 1 (nada de dolor) al 10 (máximo dolor, insoportable) donde no superemos el 4 (molestia, cerca de catalogarlo como dolor).

Fuera del tratamiento de fisioterapia, el médico suele recetar Aines y en el caso de que la artrosis sea severa y el paciente tenga mucho dolor, suele tomar la decisión de poner una prótesis. Lo ideal para realizar esta intervención es que el paciente este entre los 60-70 años, ya que, si es más joven, en un futuro deberá cambiarse la prótesis, en cambio en este intervalo con una sola intervención sería valido. Esta intervención tiene como finalidad devolver al paciente autonomía y mejorar su calidad de vida. Esto lo hace posible ya que la prótesis permite una buena movilidad y una reducción del dolor bastante grande. Existen diferentes tipos de intervención y de prótesis, pero la decisión de cuál es mejor depende la afectación del paciente y de la opinión médica.

Recomendaciones

Por último, os mencionamos algunos consejos sobre la lesión:

  • Intentar no abusar de gestos repetitivos, como cualquier actividad manual.
  • Aplicar calor en la zona afectada alivia los síntomas.
  • Acudir al nutricionista para obtener buenos hábitos nutricionales y hacer dieta en el caso de que exista sobrepeso/obesidad.
  • El empleo de férulas y apoyos blandos alivia el dolor, pero no debemos abusar de las férulas ya que pueden limitar la movilidad.
  • Realizar deporte, pero seguido a través de un profesional, ya que un abuso de el puede aumentar la artrosis. Pero si se realiza de manera óptima, se consigue un refuerzo muscular que protege la articulación y reduce así la carga de la articulación. Además, mejora la coordinación, flexibilidad y estabilidad en dicha región.

Bibliografía

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