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Hablamos de la artrosis lumbar

Antes de hablar de la artrosis lumbar, una pequeña introducción sobre lo que es la artrosis. La artrosis también se llama osteoartritis, y es la afectación articular con mayor prevalencia en la población adulta. La incidencia aumenta con la edad: 0,1% entre 25-35 años y el 10-20% a partir de 60 años. En países desarrollados, debido al envejecimiento de la población, hay un crecimiento importante de la prevalencia en esta patología.

El 10% de la población mayor de 60 años sufre incapacidad severa que afecta a su calidad de vida. Además, la probabilidad de sufrir esta enfermedad en mujeres es del doble que en hombres. Otros factores de riesgo de sufrir artrosis son factores genéticos, traumatismos, sobreuso articular en actividades deportivas a nivel profesional, alteraciones anatómicas como un valgo o varo de rodillas, la ocupación laboral (aquellos trabajos donde haya movimientos repetidos y prolongados aumentarán la prevalencia de padecer la enfermedad) y la obesidad, ya que hace que aumente la presión en las articulaciones.

¿Por qué aparece la artrosis?

En la aparición de la artrosis juega un papel muy importante la sobrecarga mecánica que sufre el cartílago articular. El cartílago progresivamente se erosiona, fisura, adelgaza e incluso en estadios avanzados, puede llegar a desaparecer. La pérdida del cartílago origina cambios en el hueso adyacente, que reacciona produciéndose deformaciones e intentos de regeneración. Así, la artrosis es característica de edades avanzadas y las articulaciones que más se afectan suelen ser las sometidas a estrés mecánico, como las de las extremidades inferiores en los obesos, las de la cadera en gimnastas, las de las extremidades superiores en albañiles o electricistas.

También en su aparición influyen factores metabólicos, endocrinos, genéticos, y la existencia previa de artritis en la articulación.

La clasificación de la artrosis

Según la escala de Kellgren y Lawrence, existen 4 grados de artrosis:

  • Grado 1: Pacientes que en la radiografía muestran una mínima reducción del espacio articular, sin osteofitos. El dolor que presentan es leve e intermitente.
  • 2: En estos pacientes se observan ya osteofitos con disminución del espacio articular. Los síntomas en este grado son dolor con episodios más frecuentes.
  • 3: En la radiografía se observan multitud de osteofitos bien diferenciados, con gran disminución del espacio articular e incluso deformidad ósea. Los episodios de dolor son frecuentes en esta fase.
  • 4: En este caso se muestra una completa perdida del espacio articular y deformidad ósea. En esta etapa es frecuente observar quistes subcondrales y osteofitos muy llamativos. La articulación se bloquea con gran facilidad debido a la falta de cartílago articular que proteja y lubrique la articulación.

¿Cuáles son sus síntomas?

Las manifestaciones serán locales en la articulación afectada:

  • Dolor, característicamente “mecánico”, no duele en reposo, y aparece al iniciar el movimiento, pudiendo luego disminuir o desaparecer al “calentarse” la articulación. Con el reposo, la rigidez es bastante habitual y suele durar unos 15 a 30 minutos, produciendo una reducción de la movilidad. El dolor se suele desarrollar de manera progresiva con el paso del tiempo. Los pacientes suelen describir una “molestia” en un primer momento que se va incrementando con el paso del tiempo hasta producir dolor, rigidez y limitación de la movilidad de las articulaciones afectadas.
  • Deformidad de la articulación, muy evidente a simple vista, y con alteraciones características en la radiografía (osteofitos, estrechamiento de la hendidura articular, quistes subcondrales, etc.). Esto provoca también una disminución de la movilidad pasiva de los segmentos articulares afectados.
  • Crepitación al palpar la articulación y al movimiento activo y pasivo, debido al roce de las superficies óseas provocadas por la ausencia de cartílago articular.

¿Cuál es el tratamiento general de la artrosis?

El tratamiento de la artrosis tiene tres objetivos fundamentales: aliviar el dolor y el malestar, minimizar la incapacidad funcional y retardar la progresión del proceso.

Debemos instruir al paciente para evitar en lo posible el abuso de las articulaciones afectadas. La terapia ocupacional puede desempeñar un papel importante en esta educación del enfermo, con el aprendizaje de técnicas de protección articular.

Conviene concienciar a los pacientes sobre la importancia de seguir una dieta calórica adecuada y ejercicios aeróbicos que eviten el sobrepeso.

La utilización de fármacos es una ayuda más en la terapia contra la artrosis y debe englobarse dentro del tratamiento general. En muchos casos, la artrosis podrá tratarse durante largos periodos sin la utilización de medicamentos, mientras que en otros supondrán una contribución inestimable. El tratamiento farmacológico de la artrosis, en espera de que aparezcan condroprotectores de probada eficacia, es hoy por hoy fundamentalmente sintomático. Por este motivo, las medidas terapéuticas se basan en el uso de analgésicos y AINES, tanto tópicos como por vía oral.

La cirugía ortopédica es un recurso más en el tratamiento de la artrosis y en las últimas décadas ha mejorado las condiciones de vida de muchos pacientes artrósicos. Las indicaciones para el implante de una prótesis articular son fundamentalmente dos: el dolor intenso que no responde al tratamiento médico y la incapacidad funcional marcada que imposibilita las actividades cotidianas de la persona afecta. Las complicaciones de la artroplastia, desde el punto de vista articular, se pueden dividir en precoces y tardías. El principal riesgo postquirúrgico temprano es la infección, mientras que, en el largo plazo, a pesar de que la amenaza de infección subsiste, el rechazo o aflojamiento de la prótesis se convierte en el problema central.

Para intentar evitar la cirugía y controlar los síntomas más limitantes como el dolor o la falta de movilidad, los pacientes con artrosis suelen decantarse por probar la fisioterapia. Más adelante comentaremos en qué consiste este tratamiento y las recomendaciones que os damos desde nuestra experiencia.

Artrosis lumbar

La columna vertebral es un conjunto de huesos que parten desde la base del cráneo y llegan a la pelvis. Esta se divide en diferentes partes: la zona cervical, que comprende la zona del cuello y cuenta con 7 vértebras; la zona dorsal, que engloba las 12 vértebras que se unen a las costillas; la zona lumbar, que cuenta con 5 grandes vértebras que deben soportar gran cantidad de peso y parten desde la zona glútea, hasta las últimas costillas; el sacro, formado por 5 vértebras fusionadas que forman un triángulo y permanece ubicado entre los huesos de la pelvis, acabando en el coxis.

La degeneración artrósica de la columna tiene unas zonas que se afectan más frecuentemente, como la columna cervical (C5-C6), y la articulación lumbar (L4-L5) y lumbosacra L4 (L5-S1), pero también puede ampliarse a un segmento regional mayor.

Los factores principales que pueden predisponer a la aparición de degeneración articular son: sobrecarga de peso y desequilibrios estático-posturales (escoliosis, alteraciones posturales mantenidas) o dinámicos (ciertos deportes o actividades profesionales).

En el caso de la sobrecarga crónica, las carillas articulares sufren un deterioro progresivo de tipo artrósico que se manifiesta, incluso, en las radiografías, aunque no hay correlación entre el daño radiológico y el dolor.

El paciente sufre dolor lumbar, con episodios de bloqueo y otros de pocas molestias. Se aprecia rigidez lumbar que se observa incluso en movimientos cotidianos como agacharse, ponerse los zapatos o girar en una silla.

En algunas ocasiones, los osteofitos pueden ocasionar problemas de compresión de las raíces nerviosas, aunque ese problema es más frecuente en la zona cervical que en la lumbar. El crecimiento de estos osteofitos puede provocar rigidez en ciertos movimientos. En la enfermedad de Forestier-Rotés Querol se forman osteofitos a lo largo de toda la columna e, incluso, a nivel del pie, lo que llevó a denominarla “hiperostosis difusa idiopática”. Parece tener similitudes con la espondilitis anquilopoyética, ya que en un 37% se asocia al antígeno HLA-B27.

 Tratamiento de fisioterapia

Los objetivos generales son:

  • Control de la sintomatología (dolor, inflamación e incapacidad funcional).
  • Mantener o mejorar la función articular disminuyendo la rigidez.
  • Mejorar la propiocepción y estabilidad articular
  • Reducir al máximo la progresión de la enfermedad.
  • Higiene postural y recomendaciones domiciliarias.

Las intervenciones más usadas son:

  • Termoterapia: con la ayuda de máquinas como la diatermia, la onda corta, la microonda o la lámpara de infrarrojos disminuimos la inflamación y relajamos la musculatura periférica cercana a la articulación afectada.
  • Electroterapia: el objetivo principal es analgésico. Para ello usaremos TENS y se situarán alrededor de la zona de dolor.
  • Terapia manual: con masaje terapéutico y movilizaciones pasivas buscamos relajar la musculatura y dar la movilidad que las articulaciones necesitan por el aumento de rigidez habitual en esta lesión.
  • Ejercicio terapéutico: los ejercicios son la principal baza que tenemos los fisioterapeutas para aliviar el dolor artrósico y mejorar la función de la articulación. Se recomiendan en un primer momento ejercicios de fuerza del tipo isométricos para pasar progresivamente a isotónicos. También está recomendado el ejercicio aeróbico siempre y cuando se haga sin dolor. El método Pilates está demostrando muchos beneficios en los últimos años por lo que os dejo un protocolo para el tratamiento de artrosis lumbar con esta terapia.

Protocolo de tratamiento de la artrosis lumbar con Pilates:

Lo principal es enseñar al paciente ejercicios de alargamiento axial y, también, de estabilización de los segmentos vertebrales, activando el transverso y los multífidos. Cuando disminuya el dolor, iniciaremos inmediatamente ejercicios de movilidad segmentaria controlada y progresivos muy lentamente en todos los planos y, finalmente, cuando ya existen suficientes rangos de movimiento controlado, indoloro y flexible, iniciaremos el fortalecimiento en esos rangos indoloros de los flexores (abdominales) y extensores de la columna (paravertebrales).

Fase I: alargamiento

Antes de intentar movilizar una zona vertebral rígida y sometida a compresión hay que procurar el alargamiento intervertebral y la estabilización lumbopélvica, realizando el repertorio de ejercicios para estas indicaciones. Los objetivos son: dar la mayor movilidad posible a las vértebras para evitar la rigidez y estabilizar la zona para evitar daños durante los movimientos de la vida diaria.

Fase II: movilidad

Si no hay dolor es el momento de combatir la rigidez, adaptada y planificada su progresión según las necesidades de cada individuo (no es lo mismo una persona activa, un jugador pádel o un oficinista sedentario).

Iniciamos movilizaciones segmentarias en varios planos, siempre sin dolor, para flexibilizar la zona lumbar. Los ejercicios se hacen de forma cuidadosa y en rangos protegidos, o sea, sin dolor y con control. Por eso, algunos de estos ejercicios se modifican en el sentido de que se pueden hacer (al principio) sin apenas articulación en flexión lumbar para ir aumentando poco a poco una mayor exigencia en flexión y llegar a una completa movilidad en el plano sagital.

Fase III: fortalecimiento e integración funcional

En los casos de artrosis vertebral, debido a las características del paciente, y, en especial, la edad, suele ser más importante conseguir que el paciente pueda utilizar su columna para las acciones del día a día sin problemas que conseguir un estado físico aceptable. Eso no quita que deba haber un control central fuerte gracias al entrenamiento en la primera fase y que se continúa durante la segunda y tercera. Pero el objetivo de un paciente con artrosis lumbar es poder moverse, aunque sea en un rango pequeño, agacharse, girar y levantarse de la cama sin dolor y con seguridad.

Los ejercicios de Pilates deben hacerse con un profesional cualificado que comprenda y mande ejercicios específicos según tus cualidades y lesiones. En nuestra clínica contáis con clases de Pilates impartidas por un fisioterapeuta donde la primera sesión es gratuita.

Por último, os dejo una serie de ejercicios que podéis hacer desde casa y os ayudarán a mejorar la rigidez que sentís en vuestra columna lumbar y disminuir el dolor:

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