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Edema óseo de rodilla: Causas y manejo del edema de la rodilla
Imagina la siguiente situación: te despiertas una mañana cualquiera, listo para enfrentar el día, y notas que tu rodilla está hinchada. No recuerdas haberte caído ni haber sufrido ningún golpe aparente, pero ahí está: un dolor persistente, incómodo, una molestia que parece no tener intenciones de abandonarte fácilmente. ¿Qué puede estar pasando en esa rodilla? Te presento al edema óseo, ese peculiar fenómeno inflamatorio que llega sin invitación y, aunque nadie lo llamó, insiste en quedarse como un huésped incómodo en tu vida cotidiana.

Ahora que tengo tu atención, y seguramente algo de preocupación sobre el destino de tu rodilla, exploremos juntos qué es exactamente este edema óseo, cómo afecta a tu cuerpo y, sobre todo, cómo puedes enfrentarte eficazmente a él para recuperar tu tranquilidad (y tu rodilla).
¿Qué es un edema óseo?
El edema óseo es una acumulación anormal de líquido inflamatorio dentro del hueso, específicamente en la médula ósea y las capas internas del hueso.
Este fenómeno suele ocurrir tras lesiones o sobrecargas, aunque a veces aparece sin razón aparente. No se trata de una fractura, pero puede ser precursor o acompañante de lesiones más serias.
Para entenderlo en profundidad, veamos detalladamente qué significa esto y por qué sucede:
¿Qué le ocurre al hueso en un edema óseo?
El hueso no es una estructura sólida y rígida en su totalidad, aunque pueda parecerlo a simple vista. Internamente, el hueso contiene una estructura trabecular o esponjosa, compuesta por trabéculas (pequeñas barras de hueso) que forman un entramado poroso. Estos espacios porosos están llenos normalmente por médula ósea, que a su vez contiene células encargadas de producir componentes esenciales como glóbulos rojos y blancos, además de plaquetas.

Cuando hablamos de un edema óseo, lo que ocurre es que en esos espacios normalmente ocupados por médula ósea sana y funcional, empieza a acumularse líquido inflamatorio. Este fenómeno inflamatorio hace que la presión dentro del hueso aumente, causando molestias y dolor. El líquido acumulado no es necesariamente sangre, sino que contiene componentes inflamatorios como proteínas, células del sistema inmunológico y fluidos que habitualmente acompañan los procesos inflamatorios agudos o crónicos.
¿CÓMO SE ORIGINA UN EDEMA ÓSEO? CAUSAS
El edema óseo generalmente surge como una respuesta del hueso ante diversas situaciones adversas:
- Traumatismos directos: golpes o caídas pueden provocar microlesiones internas del hueso, aunque no sean lo suficientemente graves para causar fracturas visibles. Estas microlesiones desencadenan inflamación, llevando al edema óseo.
- Lesiones por estrés o sobrecarga repetitiva: es común en deportistas o personas que realizan actividades físicas repetitivas y de alto impacto (como correr largas distancias, saltar, practicar deportes como el fútbol o baloncesto). El estrés constante sobre el hueso supera su capacidad de reparación, causando pequeñas lesiones que derivan en inflamación y edema.
- Problemas articulares degenerativos: condiciones como la artrosis generan inflamación constante en la articulación y, con el tiempo, esta inflamación puede extenderse hacia el interior del hueso, provocando un edema óseo secundario a la enfermedad degenerativa.
- Problemas circulatorios o metabólicos: algunas enfermedades, como osteoporosis o necrosis avascular, pueden alterar el suministro sanguíneo del hueso, generando procesos inflamatorios internos que terminan en edema óseo.
¿POR QUÉ DUELE EL EDEMA ÓSEO?
La razón de que aparezca dolor cuando sufrimos un edema óseo radica principalmente en el aumento de presión interna causado por la acumulación del líquido inflamatorio.
Además, el edema puede irritar o presionar terminaciones nerviosas sensibles dentro del hueso, amplificando aún más la sensación dolorosa. Es frecuente que las personas experimenten un dolor constante, profundo y molesto, que empeora con movimientos o actividades que aumentan la carga sobre el hueso afectado.
SIGNOS Y SÍNTOMAS
Los signos y síntomas del edema óseo pueden ser muy variados y, aunque generalmente son claros, en ocasiones pueden confundirse con otras lesiones o patologías debido a su poca especificidad. Aquí tienes un desarrollo extenso y detallado sobre los principales signos y síntomas que puedes experimentar si tienes un edema óseo en la rodilla:
- Dolor persistente: el síntoma más frecuente y característico del edema óseo, el dolor. Generalmente, se describe como:
- Dolor profundo y constante: la molestia suele ser intensa, profunda, localizada dentro del hueso o alrededor de la articulación afectada. Es persistente y suele mantenerse durante todo el día con fluctuaciones de intensidad.
- Aumenta con la actividad física: este dolor se incrementa considerablemente al realizar actividades que implican presión o carga sobre la rodilla, como caminar, correr, saltar o simplemente permanecer de pie durante largos periodos.
- Dolor en reposo nocturno: algunas personas también pueden experimentar dolor durante la noche, especialmente al intentar encontrar una posición cómoda para dormir, debido al aumento de presión interna del hueso afectado.
- Inflamación o hinchazón: aunque la inflamación puede no ser evidente externamente en todos los casos, sí es frecuente que se observe una ligera hinchazón alrededor de la rodilla, especialmente tras actividades físicas prolongadas o esfuerzos:
- Hinchazón leve o moderada: generalmente no es tan marcada como en otras lesiones agudas (como esguinces o fracturas evidentes), pero puede notarse visualmente o percibirse al tacto.
- Incremento de volumen articular: se observa un ligero aumento en el tamaño general de la rodilla, que puede ser más visible al compararla con la rodilla sana.
- Limitación funcional o dificultad en el movimiento: este síntoma está estrechamente relacionado con el dolor y la inflamación:
- Reducción en la amplitud del movimiento: el paciente puede sentir limitaciones al flexionar o extender completamente la rodilla, especialmente en fases agudas del edema óseo.
- Dificultad para realizar actividades cotidianas: caminar, subir escaleras, levantarse de una silla o permanecer de pie prolongadamente se vuelven tareas complicadas y dolorosas.
- Debilidad percibida en la rodilla: aunque no haya una verdadera pérdida de fuerza muscular inicial, la rodilla afectada se siente más débil debido al dolor y a la incomodidad generados por el edema.
- Rigidez articular: la inflamación del hueso suele acompañarse de una sensación notable de rigidez:
- Rigidez matutina: es común sentir dificultad para mover la rodilla al levantarse por la mañana o después de períodos prolongados de reposo.
- Sensación de agarrotamiento: muchos pacientes describen una sensación de que la rodilla está “bloqueada” o rígida especialmente tras periodos prolongados sin movimiento.
- Sensibilidad aumentada a la palpación: un edema óseo también se caracteriza por aumentar la sensibilidad al tacto, aunque esta sensibilidad generalmente es profunda, no superficial:
- Dolor al presionar sobre la rodilla: puede doler al tocar o presionar en zonas específicas alrededor de la articulación, especialmente cerca del área afectada por el edema óseo (generalmente los cóndilos femorales o la parte superior de la tibia).
- Dolor profundo, no superficial: es importante recalcar que la sensibilidad típicamente no está en la superficie de la piel, sino en el interior, lo que a menudo confunde al paciente respecto al punto exacto del dolor.
- Alteraciones de la marcha: debido al dolor y la limitación funcional, es frecuente que se produzcan cambios notorios en la forma de caminar:
- Cojera o marcha antiálgica: las personas afectadas suelen desarrollar una cojera involuntaria, alterando la postura y la forma de caminar para minimizar el dolor y la carga sobre la rodilla afectada.
- Disminución en la velocidad al caminar: puede observarse una notable lentitud en el paso, especialmente al inicio del movimiento.
- Síntomas secundarios por compensación: cuando el edema óseo persiste en el tiempo, pueden surgir molestias en otras áreas por compensación al tratar de evitar el dolor en larodilla afectada:
- Dolor en otras articulaciones (tobillo, cadera, espalda baja): por cambios posturales y alteraciones en la mecánica corporal, la compensación puede ocasionar sobrecargas y dolores secundarios.
ZONAS MÁS AFECTADAS DE LA RODILLA
Las zonas más comúnmente afectadas por edema óseo en la rodilla incluyen:
- Cóndilos femorales: especialmente el cóndilo femoral interno.
- Platillo tibial: frecuentemente en la parte interna.
- Rótula: menos frecuente pero posible tras traumatismos directos o desgaste intenso.
¿CUÁNDO BUSCAR AYUDA MÉDICA?
Si presentas estos síntomas de manera persistente o recurrente, especialmente dolor profundo que limita significativamente tu calidad de vida, es clave consultar a un especialista en traumatología o medicina deportiva. El diagnóstico oportuno mediante resonancia magnética y un tratamiento temprano pueden acelerar notablemente tu recuperación y evitar que la condición empeore.
En resumen, reconocer estos síntomas te permitirá buscar atención médica de forma temprana, evitando complicaciones mayores y asegurando un tratamiento adecuado que reduzca el tiempo de recuperación y mejore sustancialmente tu calidad de vida.
DIAGNÓSTICO
El diagnóstico preciso del edema óseo es clave para tratar eficazmente esta condición. Como el edema óseo no siempre es fácil de identificar a simple vista o con exploraciones básicas, suele requerir métodos diagnósticos avanzados y una evaluación médica minuciosa.
- Historia clínica y entrevista médica: recopilación del historial clínico completo y entrevista para recopilar síntomas, causas posibles, antecedentes y factores de riesgo.
- Examen físico: tras recoger esta información, el médico realizará una exploración física detallada, incluyendo inspección visual, palpación, evaluación del rango de movimiento y pruebas funcionales específicas.
- Estudio por imagen: es la clave para el diagnóstico definitivo del edema óseo. Se emplean diversos métodos:
- Radiografía convencional: generalmente, la radiografía es la primera prueba de imagen realizada. Permite descartar lesiones evidentes como fracturas o artrosis avanzada, pero no suele revelar claramente la presencia de un edema óseo.
- Resonancia magnética: es la técnica por excelencia para diagnosticar con exactitud un edema óseo. Se observa claramente como una zona hipertensa o brillante en algunas secuencias específicas, indicando la presencia de líquido inflamatorio dentro del hueso.

Permite evaluar la localización exacta, el tamaño y la gravedad del edema, además de detectar lesiones asociadas, como daño en cartílagos, ligamentos o meniscos.
- Tomografía computarizada: no es de primera elección para el edema óseo, porque es menos sensible que la resonancia, pero puede usarse puntualmente para descartar fracturas pequeñas o microfracturas asociadas, especialmente cuando hay dudas o contraindicaciones para una resonancia.
- Gammagrafía ósea: es una técnica que usa una sustancia radioactiva para evaluar lesiones en los huesos. Se usa muy poco actualmente, debido a la alta precisión y accesibilidad de la RMN. Se usa en casos específicos para valorar múltiples lesiones óseas simultáneas o enfermedades sistémicas.
- Diagnóstico diferencial: una vez obtenido el resultado de los estudios por imágenes, el médico realiza un diagnóstico diferencial para descartar otras patologías como:
- Fracturas por estrés
- Osteonecrosis (necrosis avascular)
- Artrosis avanzada
- Lesiones de meniscos o ligamentos
- Tumores óseos (muy raramente).
TIEMPOS DE RECUPERACIÓN DE UN EDEMA ÓSEO
El edema óseo, generalmente, tiene un buen pronóstico, con un tratamiento adecuado. Sin embargo, el tiempo necesario para recuperarse varía significativamente según la gravedad y la causa del edema:
- Casos leves: suelen resolverse con reposo relativo, antiinflamatorios y fisioterapia, en un periodo aproximado de 3 a 6 semanas.
- Casos moderados a graves: requieren tratamientos más prolongados, a menudo entre 3 y 6 meses, como mínimo. Se necesitan terapias específicas para reducir la inflamación, mejorar la circulación interna del hueso y fortalecer la estructura ósea y muscular circundante.
FACTORES DE RIESGO
- Edad: personas mayores con mayor probabilidad de degeneración articular.
- Deportistas: especialmente corredores, futbolistas y jugadores de baloncesto.
- Obesidad: el sobrepeso incrementa el estrés articular.
- Historial de lesiones previas: especialmente de rodilla o tobillo.
INCIDENCIA Y PREVALENCIA
Aunque la incidencia exacta del edema óseo es difícil de precisar debido a la falta de diagnóstico o subregistro, se estima que entre el 15-20% de las consultas traumatológicas relacionadas con rodilla pueden involucrar algún grado de edema óseo, especialmente entre atletas y personas activas mayores de 40 años.
TRATAMIENTO
Tratamiento médico
El tratamiento médico tiene como objetivo principal controlar la inflamación, reducir el dolor, favorecer la recuperación del hueso afectado y prevenir posibles complicaciones o recaídas.
- Reposo articular inicial: con el objetivo de reducir la inflamación y evitar mayor daño del hueso. Se recomienda un reposo relativo inicial durante 2-6 semanas, dependiendo de la gravedad del edema óseo. Esto no quiere decir que no podamos mover la rodilla, se refiere más bien a evitar actividades deportivas, caminar prolongadamente o cargar peso excesivo sobre la rodilla afectada.
A veces, es posible el uso de muletas o bastones, de manera temporal, para reducir la carga articular.
- Medicación: especialmente en las etapas iniciales del edema óseo.
- AINES: medicamentos como ibuprofeno, naproxeno o diclofenaco son útiles para reducir dolor e inflamación. Deben utilizarse bajo supervisión médica y por períodos cortos (1 a 2 semanas habitualmente), debido a posibles efectos secundarios gastrointestinales o renales.
- Analgésicos (paracetamol): eficaces para aliviar el dolor leve a moderado, y útiles para pacientes que no toleran los AINEs bien.
- Infiltraciones (en casos específicos): en casos moderados o severos, que no responden bien al tratamiento convencional, se consideran terapias avanzadas:
- Ácido hialurónico: mejora la lubricación articular, disminuye el dolor y favorece la recuperación interna del hueso. Se administra mediante infiltraciones directas en la articulación.
- Plasma rico en plaquetas (PRP) o células madre: tratamiento biológico que ayuda a la regeneración del tejido y reducción significativa del edema óseo en casos persistentes o resistentes a otros tratamientos. Estudios recientes indican buenos resultados, especialmente en casos complicados o pacientes deportistas.
Tratamiento de fisioterapia
La fisioterapia constituye un pilar fundamental en la recuperación integral del edema óseo de rodilla. Los estudios científicos confirman la importancia y eficacia de esta intervención en todas las fases del proceso de recuperación.
- Fase inicial (0-4 semanas): control del dolor y la inflamación
- Crioterapia: aplicación de hielo en la rodilla afectada por períodos de 15-20 minutos, varias veces al día, especialmente después de actividades o movimientos que generan dolor.
- Electroterapia analgésica: TENS, para el control del dolor inicial.
- Magnetoterapia: acelera la reabsorción del edema, ayuda a controlar el dolor, la inflamación y favorece la reparación de la estructura.
- Diatermia: de la misma manera que la magnetoterapia, pero mucho más potente, ayuda con el manejo del dolor, mejora la circulación interna del hueso, ayudando a drenar la inflamación y favorece la regeneración del tejido.
- Bomba diamagnética: mejora el dolor, favorece la circulación y la eliminación de la inflamación interna del hueso y fomenta la regeneración del tejido.
- Ondas de choque: es una alternativa eficaz y segura para el tratamiento, en casos en donde las terapias convencionales no han proporcionado resultados satisfactorios, dada su capacidad para estimular la regeneración ósea y aliviar el dolor.
- Drenaje linfático manual: ayuda a reducir el edema generalizado en tejidos circundantes.
- Movilización pasiva y ejercicios isométricos suaves: las contracciones musculares sin movimiento articular, ayudan a mantener la musculatura sin incrementar la inflamación; de hecho, puede colaborar en la eliminación del edema.
- Fase intermedia (4-12 semanas): restauración de la movilidad y fortalecimiento gradual.
- Movilizaciones articulares progresivas y suaves: ejercicios asistidos para restaurar la flexión y extensión completa de la rodilla.
- Ejercicios de fortalecimiento progresivo:
- Isotónicos (con movimiento) con carga leve a moderada, progresando lentamente según la tolerancia del paciente.
- Fortalecimiento especialmente de cuádriceps, isquiotibiales y glúteos, para reducir la presión sobre la articulación y mejorar su estabilidad.
- Ejercicios de bicicleta estática: sin resistencia o con resistencia ligera para mejorar la movilidad articular y favorecer el drenaje interno de líquido inflamatorio.
- Ejercicios en piscina (hidroterapia): altamente recomendados por su bajo impacto sobre la articulación, favoreciendo el movimiento controlado y seguro con menos dolor.
- Fase avanzada (a partir de las 12 semanas): recuperación funcional y prevención de recaídas
- Ejercicios avanzados de fuerza y resistencia: ejercicios con carga progresiva, incluyendo sentadillas controlada, lunges y fortalecimiento en máquinas específicas.
- Ejercicios propioceptivos y de equilibrio: entrenamiento sobre superficies inestables (bosu, plataforma de equilibrio) para mejorar la estabilidad articular y reducir futuras lesiones.

- Ejercicios funcionales específicos según la actividad o deporte: simulaciones controladas de actividades cotidianas, deportivas o laborales, para recuperar movimientos precisos y prevenir recaídas.
Cabe destacar que, durante el resto de las fases intermedia y avanzada, es beneficioso continuar con otras herramientas combinadas como la diatermia, la magnetoterapia o la bomba diamagnética, para continuar con la eliminación del edema óseo y la regeneración del tejido, a la par que continuamos avanzando en el tratamiento de ejercicios.
BIBLIOGRAFÍA
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Etiquetas: bomba diamagnética, diatermia, DOLOR DE RODILLA, edema oseo, golpe, Gonalgia, inflamación, magnetoterapia, ondas de choque, traumatismos








