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Estos son los cinco mejores tratamientos para una ciática

¿Te suena el término ciática? A muchos de vosotros seguro que os suena, ¿verdad? La mayoría, incluso, sabrá describirme perfectamente las sensaciones y el recorrido del dolor y/o hormigueo que sintió; pero no sabrá definirme o decirme qué es exactamente y por qué es causada.

Pues para eso estamos aquí, para que conozcáis vuestro dolor, qué puede haberlo provocado y empecéis a cambiar esa situación, con estos cinco mejores tratamientos para la ciática que os traemos a continuación.

Una primera definición

En primer lugar, ciática, ¿qué es? ¿Dolor profundo, urente u hormigueo, desde los glúteos hasta el pie? ¿Os suena?

La ciática comúnmente se engloba dentro del conjunto de patologías que afectan al miembro inferior y/o al tronco. Sin embargo, NO ES UNA PATOLOGÍA EN SÍ MISMA, y para hablar de ello con propiedad deberíamos referirnos a ella como una radiculopatía del nervio ciático. Las radiculopatías son lesiones o irritaciones de las raíces nerviosas.

Por tanto, la ciática es un conjunto de síntomas que se utilizan para describir el dolor producido o asociado a un problema en el nervio ciático, ya sea un atrapamiento del mismo o una lesión del nervio.

Es una de las afecciones más frecuentes en la población, y uno de los principales motivos por los que vosotros, los pacientes, acudís a nuestra clínica.

En resumidas cuentas, se trata de una irritación, inflamación o compresión del nervio ciático en su origen, en las vértebras lumbares y sacras, y que reproduce una sintomatología muy específica y reconocible: dolor, debilidad, entumecimiento u hormigueo en una – o ambas – piernas, y que a menudo está asociada a la presencia de hernias discales, estenosis espinal, o dolor en la zona lumbar.

El dolor asociado a la ciática puede variar de leve a intenso, y a menudo se ve agravado al sentarse o estar de pie durante periodos largos de tiempo. La mayoría de las personas experimentan una mejora gradual de los síntomas con el tiempo, pero en algunos casos puede ser necesaria atención médica, fisioterapéutica, e incluso quirúrgica, para aliviar el dolor y restaurar la función normal.

Nervio ciático

El nervio ciático es el nervio más largo del cuerpo humano y el encargado de la actividad motora y sensitiva de todo el miembro inferior.

Tiene su origen en las raíces nerviosas de la zona lumbosacra; concretamente, nace desde la médula espinal, a través de los laterales de las vértebras L4-L5-S1-S2-S3, mediante unos orificios llamados agujeros de conjunción. Todas estas raíces nerviosas se unen para formar el nervio ciático, que desciende a través de la parte posterior de la pelvis (pasando por debajo o a través del piramidal) y discurre por la parte posterior del muslo (entre bíceps femoral, semimembranoso y semitendinoso, o también llamados isquiotibiales). A medida que el nervio se acerca a la rodilla en su parte posterior (hueco poplíteo o corva), éste se divide en dos ramas principales: el nervio tibial y el nervio peroneo común.

Por su parte, el nervio tibial continúa bajando hacia la pierna y el pie, aportando información sensitiva y motora (control muscular) a la planta del pie y los dedos. Por otro lado, el nervio peroneo común, envuelve la cabeza del peroné y desciende por la parte delantera de la pierna, aportando información sensitiva y motora (control muscular) a los músculos de la parte delante de la pierna y los pies.

Factores de riesgo

Existen varios factores de riesgo que aumentan la probabilidad de desarrollar ciática. Algunos de los factores de riesgo más comunes incluyen:

  • Edad y enfermedades relacionadas con ella – enfermedades degenerativas como la artritis y la osteoporosis, pueden aumentar el riesgo.
  • Obesidad y sedentarismo – el sobrepeso y la falta de actividad física pueden ejercer presión adicional sobre la columna vertebral y aumentar el riesgo de padecer ciática.
  • Profesión o hábitos de trabajo: estar sentado, o de pie, por periodos prolongados; abusar de los patrones de movimiento unilaterales (estar mucho tiempo apoyados sobre una pierna, o cruzados de piernas), realizar cargas de manera poco eficiente al coger peso…
  • Embarazo – puede ejercer presión sobre la columna vertebral y aumentar el riesgo de desarrollar ciática.
  • Diabetes – es una patología asociada con mayor probabilidad de sufrir ciática.
  • Osteoporosis – cuanto menor densidad ósea, mayor probabilidad de fractura y también degenerativa. Si esta fractura oprime el nervio ciático, podremos desencadenar una ciática.
  • Lesiones de la columna vertebral – haber sufrido previamente alguna lesión en la columna vertebral, como las que hablaremos a continuación en las causas, no quiere decir que sí o sí vayas a desarrollar una ciática en el futuro, pero aumenta las probabilidades de poder padecerla.

Es importante entender que tener uno, o más, de estos factores de riesgo no implica necesariamente un desarrollo de la ciática, pero sí puede aumentar la probabilidad de sufrir dicha afección. Si experimentas dolor o síntomas relacionados con la ciática, es recomendable que acudes al médico o al fisioterapeuta para valorar los síntomas y proceder al tratamiento adecuado.

Causas de la ciática

  • Hernia de disco o protrusión – es la causa más común y la que relacionamos directamente con la ciática. Generalmente, son las responsables de un 90% de los casos de ciática. ¿Qué diferencia hay entre una y otra?
    • Hernia de disco – Entre las vértebras que conforman la columna vertebral existen unos discos compuestos por un material viscoso y gelatinoso, que sirven de amortiguación de las cargas entre una vértebra y otra. Este disco, tiene una serie de fibras a su alrededor (anillo fibroso), que retienen el material viscoso y gelatinoso antes mencionado: el núcleo pulposo. Cuando este núcleo se sale a través de una abertura en el anillo fibroso, que se ha roto, puede llegar a comprimir la salida del nervio por el agujero de conjunción. La sintomatología dependerá de hacia dónde sale el núcleo pulposo, normalmente da problemas cuando se sale hacia la parte posterior (pudiendo presionar el canal medular) o hacia los laterales (pudiendo presionar la raíz nerviosa a su salida por el agujero de conjunción).
    • Protrusión – es algo parecido a una hernia discal; sin embargo, se diferencia de esta en que no existe rotura del anillo fibroso. En el caso de las protrusiones, lo que ocurre es que hay debilidad en alguna parte del anillo fibroso, y el núcleo pulposo empuja esa zona hacia fuera, deformándolo. El material no llega a salir fuera del anillo fibroso, pero también puede suponer presión del canal medular o de las raíces nerviosas.

Algo que quiero resaltar especialmente es que no siempre la imagen se identifica con la clínica. ¿Esto que quiere decir? Que no siempre que en una prueba de imagen (resonancia, TAC…) se encuentre la existencia de una hernia o protrusión, quiere decir que vaya a existir una ciática o se vaya a desarrollar. Es muy importante que comprendáis que no siempre hay relación entre lo que se encuentra en las pruebas de imagen, y el dolor que vosotros sentís; no tiene por qué asustaros y siempre debe ser valorado y contextuado por un profesional sanitario.

Además, otra cosa que debéis saber es que, aproximadamente, el 70% de las hernias, se pueden reabsorber con el paso del tiempo de forma espontánea.

  • Degeneración discal – o lo que comúnmente conocemos como pérdida de altura del disco. Con el paso del tiempo, se produce una deshidratación del disco y empieza a desgastarse, produciendo una disminución del espacio que hay entre una vértebra y otra, y disminuyendo también el agujero de conjunción formado entre ellas, a través del cual sale la raíz nerviosa. Un estudio de Brinjikji, en el año 2015, ya relata que existe un 37% de probabilidad de degeneración del disco a partir de los 20 años, y de casi un 70% a partir de los 40 años. Pero como os decía antes, esto no tiene por qué significar que vayáis a sentir dolor o a tener algún síntoma relacionado.
  • Estenosis de canal – se trata de un estrechamiento del canal medular (el túnel situado en el interior de las vértebras, por el cual pasa la médula espinal, por la que salen las raíces nerviosas). Aunque el origen de la estenosis puede ser variado, la gran mayoría de las causas se debe a una degeneración de la articulación vertebral o de los tejidos que la rodean (artrosis).
  • Síndrome del piramidal – del que posteriormente hablaremos largo y tendido. Se puede producir una compresión del nervio ciático a su paso por este músculo situado en la zona glútea. Si el músculo está muy tenso, presionará e irritará el nervio, pudiendo empeorar los síntomas cuando nos encontramos sentados por tiempos prolongados, al subir escaleras, caminar o correr.
  • Fracturas – generalmente de la zona vertebral lumbar, aunque también fracturas de cadera o pelvis, pueden provocar una lesión de este nervio. Si existe fractura de una zona adyacente al nervio, o la fractura se desplaza y presiona el nervio o el canal medular, también podría afectarnos. A este fenómeno se le conoce como espondilólisis.
  • Espondilolistesis – es algo parecido al apartado anterior. Sin embargo, en una espondilolistesis no hay fractura, simplemente una vértebra se desliza hacia delante sobre la situada inmediatamente por debajo. De esta forma, no sólo puede haber una compresión del nervio, sino que los discos intervertebrales no amortiguarán ni darán la estabilidad que tenían en condiciones normales; pudiendo ser también un factor de riesgo para sufrir una hernia o protrusión.
  • Infecciones – Si se produce una infección en una zona adyacente al nervio, aumentará el espacio por inflamación y podrá presionar al nervio. Se conoce como
  • Tumores cercanos a la raíz nerviosa.
  • Osteoporosis – Por sí misma no causa ciática, pero una fractura provocada por la falta de densidad ósea, sí puede desencadenar en ciática.
  • Degeneración discal

 Síntomas de la ciática

  • Dolor: leve o intenso, dependiendo de la afectación del nervio. Podemos sentir dolor en la zona glútea, muslo o parte de la pierna y dedos del pie, e incluso en la zona lumbar. Normalmente, se verá afectado sólo una pierna, rara vez se afectan ambas. Además, este dolor se acrecentará tras pasar largos periodos sentado o de pie, y se aliviará cuando nos tumbamos o caminamos.
  • Hormigueo o quemazón: muy típico de las radiculopatías, que denotan un problema nervioso. Sigue un recorrido muy concreto, delimitado casi con la punta del dedo. Por ello, nos oirás frecuentemente a los fisioterapeutas, diciendo que los pacientes que padecen ciática se conocen mejor el recorrido del nervio ciático que nosotros mismos.

¿Se me duerme la pierna, puede ser ciática? Veamos qué patrones pueden ser signo de atrapamiento del nervio ciático.

  • Raíz L4 – sentirás hormigueo, dolor o entumecimiento en el muslo, pudiendo tener dificultades para extender la pierna (extensión de rodilla).
  • Raíz L5 – Sentirás hormigueo, dolor o entumecimiento desde la zona baja de la espalda (lumbar y/o glúteo) hasta el pie (dedo gordo).
  • Raíz S1 en adelante – sentirás hormigueo, dolor o entumecimiento en el lateral del pie (meñique) y te costará ponerte de puntillas (realizar flexión plantar), y por tanto sentirás que no puedes despegar el pie del suelo al caminar.
  • Entumecimiento: es una sensación de pérdida de sensibilidad en el miembro inferior, o en algunas zonas del mismo. También podemos sentir pesadez del mismo.
  • Debilidad: como ya hemos explicado antes, el nervio ciático es un nervio sensitivo y motor. Por tanto, no es de extrañar que cuando se afecta, la parte motora también pueda verse alterada. Si hay un problema en la raíz nerviosa, la información de funcionamiento muscular que lleva dicho nervio hacia la musculatura que inerva podrá ser débil o nula, llegando a causar – incluso – impotencia funcional de la zona afectada.

 Incidencia y prevalencia

El dolor causado por la ciática no entiende de sexos, ya que no existe una prevalencia clara en cuanto a si afecta más a los hombres o a las mujeres. Lo que sí podemos aclarar es que la mayoría de los afectados suelen tener una edad comprendida entre los 30-50 años.

La incidencia puede variar según la edad y otros factores de riesgo.  Según algunos estudios, se estima que la prevalencia mundial de la ciática es de, aproximadamente, el 5% de la población general. ¿Te parece mucho, o poco?

Realmente, parece un número bastante bajo; pero si nos ponemos a hacer cálculos y realizamos el 5% de toda la población, es un número bastante alto, ¿verdad?

Como hablaremos a continuación, no todas las personas que sufren dolor en la parte posterior del muslo, pierna o en el pie, supone estar sufriendo una ciática. Sin embargo, se conoce que alrededor del 40% de la población adulta suele sufrir este problema alguna vez en la vida.

Diagnóstico diferencial

Como introducíamos anteriormente, es muy fácil confundir este síndrome del piramidal con una ciática. Por ello, es importante realizar una correcta exploración y anamnesis para descartar otras patologías que puedan compartir síntomas con este síndrome. Es el caso de: radiculopatías lumbosacras, hernia de disco, síndrome facetario lumbar, sacroileitis o atrapamiento de los nervios que pasan por el foramen ciático mayor, entre muchas otras.

Además, también hay que tener en cuenta que no siempre el origen de la patología puede estar en el piramidal. Sino que, en muchas ocasiones el dolor, hormigueo o entumecimiento que sentimos es secundario, y viene activado por otros mecanismos, como PGM en los músculos paravertebrales toracolumbares, lumbares, en cuadrado lumbar y en la musculatura glútea.

  • Síndrome del piramidal vs. Ciática. El síndrome del piramidal también es conocido como falsa ciática, por la confusión que provoca en sus síntomas para la determinación de la causa.

El piramidal es un músculo situado en la zona glútea, a través por el cual pasa el nervio ciático (a veces lo atraviesa, y a veces pasa por debajo/encima de él). Si existe mucha tensión en este músculo, puede ocasionar compresión en el nervio ciático a su paso, y desencadenar sintomatología hacia el miembro inferior. Por ello, debemos evitar pasar mucho tiempo cruzados de piernas, o sentados por periodos prolongados, y sobre todo evitar sentarnos sobre el pie contrario.

Para comprender mejor la diferencia, vamos a dividir el síndrome del piramidal en dos:

  • Uno en el que los dolores son provocados por sobrecarga o puntos gatillo en el propio músculo, sin afectación del nervio ciático. En este caso, es cuando decimos que el dolor referido no suele pasar de la rodilla y no hay afectación del nervio.
  • Sin embargo, en los casos en los que el piramidal afecta y comprime al nervio ciático, se trata de una neuropatía por compresión, pudiendo llegar a describir dolor, parestesias y disestesias también.

En caso de la existencia de una ciática verdadera, también se produce un dolor intenso producido por la irritación del nervio ciático, pero su origen está en el nacimiento del nervio, normalmente por una hernia o protrusión lumbar que presiona la raíz. Se trata de una compresión del nervio ciático a nivel lumbar de L4-S3, y va a generar una sintomatología de dolor en la parte lumbar y se dirige hacia la pierna, llegando incluso al pie.

Por tanto, las principales diferencias existentes entre una ciática y una falsa ciática son:

  • En una falsa ciática, el dolor no baja hasta el pie, sino que se suele quedar en el muslo o la rodilla.
  • El dolor es menos intenso.
  • Puede haber hormigueo, entumecimiento y pesadez del miembro inferior, pero el recorrido no está tan bien definido como en una ciática verdadera.

Para conocer realmente bien el origen de nuestro dolor, lo más aconsejable es acudir al especialista, y no guiarnos solamente por las pruebas de imagen o los síntomas que tengamos. En muchos casos, patologías discales como hernias o protrusiones no tienen por qué producir síntomas y pueden llevar instauradas desde hace años. Por tanto, el dolor provendrá seguramente de algún punto gatillo o una disfunción muscular.

  • Puntos gatillo en otras zonas adyacentes. Por ejemplo, los anteriormente mencionados en paravertebrales, cuadrado lumbar o en glúteos (especialmente en glúteo medio o menor), y también en los músculos de la parte posterior de la pierna como el bíceps femoral, semimembranoso o semitendinoso.
  • Problemas articulares de la cadera.

Prevención

  • Higiene postural – tanto al realizar cargas, como en el trabajo (especialmente si pasamos mucho tiempo sentados o de pie).
  • Mantén una vida activa y realiza ejercicio.
    • Fortalecimiento de la musculatura del CORE, musculatura extensora de la espalda (y especialmente la lumbar).
    • Estiramientos diarios, o con frecuencia.
  • Acude al especialista si comienzas a tener dolor o alguno de estos síntomas. Cuanto antes podamos empezar a tratar los primeros síntomas, menor probabilidad habrá de que se agrave, e incluso podremos detenerlo.

Diagnóstico

En primer lugar, y llegados a este punto. Si estás bicheando en este post para saber si tienes ciática o no, PONTE EN CONTACTO CON UN ESPECIALISTA. Es importante acudir al especialista para que pueda realizar un correcto diagnóstico y, con ello, una buena pauta de tratamiento. Lo que a ti te viene bien, puede que a otro no, y viceversa. Siempre los tratamientos deben ser personalizados, y para ello es necesario un buen diagnóstico inicial.

Por otro lado, y como os decía antes, no debemos quedarnos con lo que se vea en las pruebas de imagen. Es importante que el médico o el fisioterapeuta ponga todo lo que le cuentas sobre tu dolor y las pruebas obtenidas, en un contexto. No siempre la imagen va a reflejar lo que te está doliendo. Hay personas con hernias discales y protrusiones, que no tienen dolor de ningún tipo. Y sin embargo, hay otras que no lo tienen, y sí tienen dolor.

En primer lugar, para diagnosticar una ciática, el especialista partirá recogiendo toda la información acerca de tus síntomas y si hay signos que la acompañen:

  • Anamnesis: edad, descripción del dolor, duración, cuándo comenzó, actividad desencadenante, si hay algo que lo agrave, si hay algo que lo alivie, ocupación laboral, antecedentes, contexto personal…
  • Examen físico: aspecto de la zona, palpación de las zonas afectadas y zonas adyacentes, funcionalidad, rango de movilidad, fuerza, reflejos, función sensitiva…
  • Pruebas/test adicionales:
    • Test de Lasègue: una de las pruebas más comunes y que más nos verás hacer para reproducir los síntomas, puesto que ponemos en tensión el nervio. Se trata de una prueba en la que el paciente se coloca tumbado boca arriba, y el fisio le sube la pierna entre 35 y 70 grados de flexión de cadera (con la rodilla extendida), hasta donde aparezcan los síntomas. Es positivo si aparece dolor en la zona sacra, o alrededor, y se expande hacia abajo dibujando el recorrido del nervio.

  • Test de Bragard: digamos que es una continuación del anterior. Si en la posición anterior, cuando hemos conseguido reproducir los síntomas, incluimos una flexión dorsal del pie (llevamos el dorso hacia el paciente), y aumenta la sintomatología (porque estamos poniendo todavía más tensión al nervio), será positivo. Generalmente, lo utilizamos para confirmar el test anterior.
  • Slump test: también es otro test con el que ponemos en tensión el nervio. Además, nos ayuda a diferenciar entre si el origen es nervioso o es de tensión muscular. En este caso, realizaremos el test con el paciente sentado en una silla, en la que pueda apoyar la espalda completamente, las rodillas flexionadas a 90 grados y los pies bien apoyados en el suelo. En esta posición, el paciente comienza a realizar una flexión de cabeza (mentón hacia dentro), flexión de columna cervical, flexión de columna dorsal, flexión de columna lumbar, extensión de la pierna completa (pierna recta) y pie en dorsiflexión (dorso del pie hacia su pecho). Si en esta posición se reproducen los síntomas, para diferenciar si el origen es de tensión nerviosa o tensión muscular, pediremos que mueva el cuello. Si en ese caso, se alivian los síntomas al levantar la cabeza, confirmaremos que el test es positivo, y que existe tensión nerviosa.

 

Los cinco mejores tratamientos para la ciática

  • Neurodinamia – sirve para movilizar el nervio en las zonas en las que pueda estar atrapado. Podemos realizarlo de manera pasiva, con ayuda del fisioterapeuta; o a través de ejercicios activos que puedes realizar en casa, tranquilamente, y de manera autónoma.
  • Ejercicio terapéutico: movilidad activa de columna (lumbar en específico), ejercicios de control motor, fortalecimiento del CORE, fortalecimiento específico de la musculatura lumbar, pilates… Cuanto más fortalecida esté la zona, menos probabilidad hay de daño y mayor resistencia tendrá ante las actividades que realicemos en nuestro día a día.
  • Terapia diamagnética: Mediante el diamagnetismo fomentaremos la movilización me de líquidos y así controlar la inflamación . Además fomentaremos alas regeneración gracias a la bioestimulación celular

  • Diatermia – a continuación, tienes un vídeo para que veas cómo funciona, y los efectos que tiene sobre esta patología.

  • Punción secase trata de un tratamiento invasivo, mediante la utilización de unas agujas específicas para punción, y siempre realizado por un profesional cualificado para ello; en este caso, el fisioterapeuta. En ella, realizamos una punción en los músculos involucrados en las zonas de conflicto, para tratar de reducir la tensión de los mismos y mejorar la sintomatología.
  • Neuromodulación – un tratamiento que está muy en auge actualmente. Seguramente muchos ya habréis oído hablar de ello, la neuromodulación. Aquí te dejo un vídeo explicativo de cómo funciona y todo lo que podemos hacer con este simple aparatito.

 Otros tratamientos que te pueden ayudar

Bibliografía 

Giménez, A. G., Agustí, E. V., Rezzulini, F. D., Clave, J. C., & Torrentó, C. P. (2018). Ciática o ciatalgia. Dolor: Investigación, clínica & terapéutica, 33(2), 92-93

Shacklock, M.ªO. Lucha López, C. Giménez Donoso, Tratamiento manual de dolor lumbar y ciática con neurodinámica clínica, Fisioterapia, Volume 29, Issue 6, 2007, Pages 312-320, ISSN 0211-5638

Campos-Daziano M. Lumbar herniated disc: narrative review on clinical management. Revista Médica Clínica Las Condes. Volume 31, Issues 5–6, September–December 2020, Pages 396-403

Brinjikji, W., et al., Systematic literature review of imaging features of spinal degeneration in asymptomatic populations. AJNR Am J Neuroradiol, 2015. 36 (4): p. 811-816

Etiquetas: ciática, consejos, dolor lumbar, dolor neuropático, falsa ciática, Hormigueo, piramidal, pseudociática

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